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Una visita oportuna

Ya está el presidente Juan Manuel Santos en territorio estadounidense. Su gira que empezó ayer por el país del norte tiene hoy dos eventos importantes en la agenda: una reunión en la Casa Blanca con el presidente Barack Obama, y en la tarde, luego, la Sesión Protocolar del Consejo Permanente de la Organización de Estados Americanos, OEA. Mucho por hablar tiene el presidente en tierras norteamericanas.

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Claro que es útil que Santos vaya a Estados Unidos a estrechar los lazos que nos unen a ese país. Por más de la conveniencia de que exista (o se desarrolle) una agenda exterior independiente y multifacética, de relación política y económica con otras naciones del mundo, la que hay con Estados Unidos es una que debe seguir existiendo, por más críticos que se levanten en contra de esto.

Los temas de la agenda, por ejemplo, han variado con el paso del tiempo. Imperativo fue “desnarcotizar” (como se le llamó en su momento) las conversaciones de mucha dependencia que existían entre ambas naciones. Santos podrá ir a tocar temas que van mucho más allá de la seguridad y el comercio con drogas ilícitas: energéticos, por ejemplo, o incluso de medio ambiente.

Pero, sobre todo, como resulta obvio pensar en estos momentos de la historia, el presidente de Colombia llega a poner sobre la mesa su carta principal de Gobierno: la paz. Tiene que comentarla, con sus altos y sus bajos, sus opciones reales, la posibilidad de llevar a su final una agenda que si bien ha salido se ha demorado más de lo esperado. Tiene que hablar claro y generar confianza. Asimismo, se entrevistará —suponemos que para el mismo fin— con Nancy Pelosi y John Boehner, líderes, en su orden, del Partido Demócrata y el Partido Republicano. Suena lógico que un aliado estratégico de Colombia esté enterado de estos pormenores.

Que vea y entienda que al tema del fin del conflicto solo se puede llegar a través del diálogo. Generar confianza en el proceso es una medida que debe tomarse. Mejor si tiene el respaldo de una potencia mundial para seguir efectuándolo.

Al mismo tiempo, se ha hablado de recrear la alianza para el progreso en materia del desarrollo para América Latina. Estados Unidos, con un nuevo enfoque que ya no sea tan impositivo, sino más bien proactivo, de cercanía, de apoyo a los propios procesos locales e internos de cada país. Suena utópico, y así piensan los más optimistas —y por eso lo dejamos enunciado, al menos como duda— pero, ¿qué tal que hubiera un dinero ya no destinado para la guerra, sino para la paz? ¿Para el posconflicto?

Ahí es donde puede ir amarrada la visita que Santos hará en la OEA, donde está la Misión de Apoyo al Proceso de Paz en Colombia, que puede ser un actor fundamental para que haya una etapa de transición a la civilidad de los guerrilleros: aquellos desmovilizados, quienes deben cumplir con un castigo, las comisiones de la verdad, la obligatoriedad de la reparación, el tema de la justicia, del que poco se oye. No sobran las ayudas a la hora de armar un proceso de paz. Y menos de un organismo multilateral, un foro político como es la OEA.

¿Demasiado optimistas? Puede ser. Sin embargo, en esta ocasión, preferimos irnos por ese sendero. ¿O cuál podría ser un mejor escenario al relacionarnos con un país como Estados Unidos? Buscar la convergencia (claro que en términos de la igualdad de las partes) es algo a lo que se debe aspirar.

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