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Vientos de paz soplan desde Buenaventura

28 de octubre de 2022 - 12:30 a. m.
Se demostró que la ciudad puede pasar semana tras semana sin que haya un asesinato y que la labor de la sociedad civil, cuando recibe apoyo desde el Gobierno nacional, produce resultados.
Foto: El Espectador
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En una muestra de que cuando hay voluntad de diálogo la paz se convierte en una posibilidad, Buenaventura, esa ciudad tan golpeada por la violencia y la desigualdad, lleva más de un mes sin asesinatos. Es un triunfo de los intentos por alcanzar una “paz total” del Gobierno nacional, una señal de buena voluntad de los grupos armados al margen de la ley que controlan la zona y también un alivio para las labores que la sociedad civil lleva realizando de manera organizada durante años. Quizá la ciudad portuaria se puede convertir en el termómetro del sueño de un país en paz que el presidente Gustavo Petro propuso desde el inicio de su mandato.

Hay que saber de dónde venimos: pese a producirle enorme riqueza a Colombia, Buenaventura no tiene acueducto, cuenta con uno de los registros de desigualdad más altos del país y un infame reporte cotidiano de actos horrorosos de los grupos armados al margen de la ley, incluidas las abominables “casas de pique”. En 2017 hubo una gran manifestación que exigía a Colombia y al mundo entero voltear a mirar la ciudad, pero los avances se han demorado. No en vano este territorio votó de manera abrumadora a favor de la fórmula de Gustavo Petro y Francia Márquez a la Presidencia.

Justo fue la vicepresidenta Márquez quien visitó Buenaventura hace unos días y habló de los acuerdos que se pactaron en 2017. “Al llegar al Gobierno pregunté, de los 156 acuerdos, ¿cuáles se han cumplido? ¿Cuáles ya tenían estudio? Y me dijeron: ninguno”, explicó, para a renglón seguido hablar de un compromiso de $600.000 millones para cumplir lo pactado. La estrategia del Gobierno entonces es pacificar la zona y proveer oportunidades, una fórmula que, de cumplirse, puede dar muchos buenos resultados. Ojalá así sea.

Sobre la pacificación, el avance se consiguió hace mes y medio. Los Shottas y los Espartanos, que tienen más de 10.000 miembros, se habían convertido en el terror de Buenaventura por sus actos de violencia y la disputa por las rutas del narcotráfico. Gracias a la Diócesis de la ciudad y al trabajo de la sociedad civil, ambos grupos caminaron juntos y se dieron la mano para decretar una tregua. Si todo sale bien y los grupos pueden acogerse al recientemente aprobado proyecto de la “paz total”, el panorama de Buenaventura cambiaría de manera permanente.

La esperanza debe ser cauta, por supuesto. Hemos aprendido a las malas cómo las propuestas de paz terminan estrellándose con los intereses perversos en zonas de riqueza como Buenaventura. Sin embargo, ya contamos con una realidad: se demostró que la ciudad puede pasar semana tras semana sin que haya un asesinato. También, que la labor de la sociedad civil, cuando recibe apoyo desde el Gobierno nacional, produce resultados. Entonces, ¿será muy exagerado soñar con que en esta ocasión vendrá un cambio profundo para la población de Buenaventura, tan golpeada durante tantos años? La pregunta está por responderse, pero Colombia necesita que la paz sea una realidad.

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