El caso más relevante tiene que ver con Venezuela, que recibió a Vladimir Putin, quien es el verdadero poder en Rusia. Su reunión con Chávez es la saga de una relación especial forjada entre Caracas y Moscú que comenzó cuando Putin era presidente y Hugo Chávez lo visitó para comprar armas por US$5.000 millones y promover su visión del multilateralismo. En estos cinco años las cosas han continuado por ese camino. Rusia ha fortalecido su alianza con un país de grandes recursos energéticos y, de paso, incomoda a Estados Unidos con su activa presencia en la región. Venezuela, por su parte, acaba de anunciar la compra a Rusia de otros US$5.000 millones en material bélico.
La reacción de nuestro gobierno ha sido prudente, pero firme. El canciller Bermúdez está en Moscú y aprovechó para expresar su preocupación por la situación. No se trata de caer en una absurda e innecesaria carrera armamentista, la cual hay que descartar de plano. De hecho, no deja de ser un contrasentido que Venezuela gaste miles de millones de dólares en material bélico mientras vive una grave crisis hídrica y eléctrica. Otro que se acercó por Caracas, y pidió a Putin un crédito de US$100 millones para compra de armas, fue el presidente boliviano, Evo Morales.
De otro lado, el presidente de Uruguay, José Pepe Mujica, tuvo un encuentro con Chávez. Aunque ha reiterado que su modelo político es el de Lula, Mujica sabe que el petróleo y la ayuda económica de Venezuela son importantes para su gobierno. Y, en 10 días se espera el arribo del presidente chino, Ju Hintao. China se ha convertido en otro socio estratégico de Venezuela al realizar cuantiosas inversiones allí, y, de paso, asegurarse importantes suministros energéticos. De esta manera Hugo Chávez hace gala nuevamente de una gran habilidad política, pues, cuando algunos lo consideraban aislado internacionalmente, saca dos ases del bolsillo. Con todo, en estos tres casos y a pesar de su retórica de coincidencias ideológicas, lo que defienden sus ilustres visitantes son evidentes intereses “contantes y sonantes”.
Casi simultáneamente hace una gira de presentación por Ecuador, Colombia y Perú el subsecretario de Estado para América Latina, Arturo Valenzuela. Luego de la gira de Hillary Clinton, sin pena ni gloria, ésta reviste un evidente bajo perfil. Valenzuela es un hombre serio, con clara visión académica y conoce bien la región Andina. No en vano durante la administración Clinton fue uno de los artífices del Plan Colombia. Sin embargo, en su nuevo cargo todavía no ha logrado definir una política exterior coherente hacia la región y, menos aún, con Colombia. Sigue sin resolverse el tema de la aprobación del TLC al que el gobierno Uribe apostó con todo. De igual manera, están pendientes los señalamientos de Washington por temas como Derechos Humanos, los falsos positivos, el paramilitarismo y los problemas con el DAS, como acertadamente lo señaló a este diario el analista Michael Shifter.
No hay duda de que se debe mantener una alianza estratégica con Estados Unidos sobre la base de la cooperación bilateral en diversos campos, comenzando por el de la seguridad y el del equilibrio en las relaciones comerciales. Sin embargo, esto no obsta para que Colombia continúe fortaleciendo sus relaciones, enfocada en sus intereses con otros países de la región y del mundo. Es de esperar que Valenzuela pueda evaluar, a pesar de su corta permanencia, cuál es la situación del país y cuáles son las perspectivas que tienen los distintos candidatos frente a estos complejos temas con Estados Unidos, posiciones, por lo demás, que no han sido aún claramente expresadas en los discursos de campaña.