Suena extraño, pero es una propuesta novedosa que se está discutiendo en Uruguay, donde después de unos motines los partidos políticos revivieron un proyecto que planea una reforma a la manera como se ven y administran los centros penitenciarios de ese país. Haría bien Colombia en considerar alternativas audaces como ésta.
En Uruguay, el Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) es el organismo encargado de las cárceles del país, y está sujeto al Ministerio del Interior. Pero, como dijo el prosecretario de Presidencia, Juan Andrés Roballo, “el Ministerio del Interior tiene una naturaleza de represión y prevención de delitos, por lo que se necesita una nueva institucionalidad con formato jurídico de servicio descentralizado”. En otras palabras, si vamos a hablar de rehabilitar y educar, ¿por qué no encargar a una entidad especializada en esas tareas?
Aunque esta es una idea que se venía considerando desde hace varios años en Uruguay, y hace un par se hizo un pacto con todos los partidos políticos para aprobarla, el proyecto cobró sentido de urgencia después de que hubo un motín en una cárcel que tuvo como rehenes a tres policías. Según reporta El Observador, las razones de los presos para protestar eran las pésimas condiciones de reclusión, la demora en el reparto de las comidas y la presencia de ratas en sus habitaciones. ¿Suena familiar?
Para responder a esa situación, el proyecto de ley propone que el INR sea administrado por el Ministerio de Educación y Cultura (MEC), de tal manera que se pueda concentrar en desarrollar el ambiente necesario para realizar intervenciones psicológicas, sociales y educativas que sean eficaces y ayuden a la rehabilitación de los presos.
Además se propone la creación de un consejo de familiares de personas privadas de libertad y un consejo de personas privadas de libertad. El primero, para que las personas cercanas a los prisioneros puedan apoyar los procesos de rehabilitación y ayuden a fomentar su bienestar general. El segundo tiene el objetivo de recibir las propuestas e inquietudes que tengan los presos sobre las condiciones de su reclusión, para solucionar los problemas que se evidencien.
Lo más llamativo de este proyecto es el cambio de mentalidad que propone. Ante la difícil situación carcelaria, le apuesta de lleno a la empatía y a convertir esos espacios en oportunidades para los presos de reinsertarse positivamente a la sociedad, y por eso debe celebrarse.
Además es una alternativa que le da aire fresco a un debate estéril. En Colombia llevamos mucho tiempo discutiendo sobre el hacinamiento carcelario y las propuestas se centran en dos medidas básicas: construir más cárceles y reformar el Código Penal, pero poco se avanza. El resultado es que son bien conocidas las condiciones indignas de las cárceles del país.
Por supuesto, Uruguay es un país mucho más pequeño que Colombia, pero no por eso deberíamos desestimar discutir la aplicación de una idea similar. A ver si cumplimos la promesa de que las cárceles son para rehabilitar.
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