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¿El otoño del uribismo?

28 de septiembre de 2008 - 07:34 p. m.

NO HAY DUDA DE QUE EL URIBISMO ha sido una de las propuestas políticas más vigorosas de la historia colombiana. Su fuerza fue tan arrolladora, que derrumbó un bipartidismo centenario y energizó políticamente a una ciudadanía históricamente apática, hasta construir unas mayorías que se acercaron al consenso.

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La clave del éxito del uribismo fue su sintonía con los problemas y necesidades de la sociedad colombiana de principios de siglo. En su esplendor, pocos ponían en duda que las soluciones extremistas del uribismo eran proporcionales al tamaño del desafío que impusieron las crisis económica y de seguridad del cambio de siglo.

Pero las condiciones históricas que dieron nacimiento al uribismo están quedando atrás. La agenda pública está cambiando aceleradamente mientras la Doctrina Uribe permanece estática. Los sectores uribistas más pensantes empiezan a intuir que los viejos métodos son demasiado toscos para enfrentar los nuevos retos, más complejos. Que quizás un estadista debe reemplazar al caudillo.

Nuevos retos como la desaparición de los buenos vientos económicos externos, que detendrá la inversión extranjera rebosante; los altos precios del petróleo, las remesas caudalosas y las exportaciones récord. Retos difíciles para un gobierno adicto al gasto desbordado para financiar el agigantamiento militar y las políticas asistencialistas como Familias en Acción, que van a duplicarse el próximo año con crédito externo.

Nuevos retos como la necesidad de avanzar hacia el postconflicto, para lo cual la retórica violenta del Presidente es un obstáculo grande. Retos en política exterior como las nuevas relaciones con un gobierno eventualmente demócrata, que el presidente Uribe insiste en enfrentar aferrado al cadáver político de George W. Bush.

Nuevos retos como detener el peligroso desgaste de la democracia y permitir que la justicia castigue la criminalización de la política. Como el crecimiento del desempleo y la escalada de paros y problemas sindicales. Retos tan importantes como recuperar la política del estado históricamente bajo en que se encuentra.

Retos que no es posible enfrentar actualizando el libreto uribista, porque el Presidente no quiere y no puede. Primero, porque su propuesta política es fruto de sus convicciones más íntimas, de una ideología profundamente conservadora basada en la fe ciega en las fuerzas del mercado y de las armas. Segundo, porque la fortaleza del uribismo está en su consistencia, en la simplificación de los problemas que logró el relato uribista, sin la cual muy posiblemente se autodestruiría. Y en una suerte descomunal, que parece estarse acabando.

El frío del otoño apenas comienza a percibirse. Pero con la caída de las primeras hojas, se anuncia la llegada del invierno. La sociedad colombiana tiene que decidir si debe reconocerle a Álvaro Uribe su labor cumplida, relevándolo de nuevas responsabilidades para las que quizás no está preparado, como hizo la británica con Winston Churchill al final de la guerra, o impulsarlo a repetir la tragedia del caudillo latinoamericano. Las encuestas lo dirán, pronto.

*Analista político, investigador en opinión pública.

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