La profusión de informaciones del accidente de BP en el Golfo de México dio a conocer al mundo entero la magnitud del derrame petrolero y las severas consecuencias ambientales para el ecosistema de sus aguas y sus costas.
El anuncio de Obama de decretar una moratoria a las actividades de perforación costa-afuera fue precipitado, no habiéndose medido las serias consecuencias para el empleo de millares de personas en los estados costaneros, además de la importancia de mantener la producción petrolera en el área, la cual representa un 30% de la producción doméstica.
Abundan especulaciones que prácticamente decretan el obituario de las grandes petroleras internacionales. Los señalamientos van desde la supuesta rigidez de las grandes organizaciones, hasta la inflexibilidad para el manejo de riesgos y crisis, pasando por cuestionamientos acerca de la vigencia del petróleo como fuente de energía. Tal vez todas esas argumentaciones hayan sonado plausibles, pero simplemente son equivocadas. El petróleo y el gas natural siguen siendo las fuentes de energía más importantes, cubriendo 40% y 23% respectivamente, y la situación del petróleo en el sector de transporte es mínima.
Por su parte, las petroleras internacionales, frente a la dominación de los países productores, expresada en la propiedad de un 80% de las reservas petroleras del mundo, han abierto nuevos espacios. Tal vez el más importante es el gas natural. Siete de los ocho macroproyectos ejecutados por Exxon el año pasado fueron de gas natural y para este año la situación es similar.
La Shell ha anunciado que para el año 2012 el 55% de su producción será de gas natural, mientras que Chevron, ConocoPhillips y BP están adquiriendo propiedades y empresas de gas natural. Australia se ha convertido en centro de atracción por sus ingentes acumulaciones de gas, pero la verdadera revolución ha sido el gas de lutitas, principalmente en Estados Unidos, aunque las grandes petroleras también están penetrando en otras regiones del globo, donde existen grandes lutitas gasíferas. Shell está apoyando en China, con sus tecnologías, el desarrollo de 900 terapiés cúbicos de gas no-convencional. Si las políticas contra el calentamiento global continúan acentuándose, este posicionamiento podría ser muy productivo y rentable para las grandes empresas.
Pero nada de lo anterior significa que las petroleras internacionales reducirán la prioridad que siempre le han dado al petróleo. A pesar del predominio de las empresas nacionales de los países productores sobre las reservas petroleras, los países de la OECD y muchos países no-OECD continúan abriendo las puertas a la perforación tanto en tierra como costa-afuera. Claras muestras de ello son Colombia, Brasil, Guinea Ecuatorial, Gabón, Nigeria, Angola, varios países del Caspio y hasta Rusia, donde Rosneft recientemente ofreció a la BP la posibilidad de participar en sus prospectos del Ártico a cambio de la participación en la red de refinación de BP en Alemania. Adicionalmente, Rusia está preparando la oferta de 47 áreas costa-afuera.
Dentro del mismo contexto, vale la pena citar palabras recientes de Matthew Hulbert, experto en estudios de energía y riesgo político del Centro de Estudios de Seguridad en Londres, quien refiriéndose a la moratoria costa-afuera en Estados Unidos afirmó: “La idea de que las reservas en la plataforma continental de Estados Unidos serán declaradas fuera de límites mediante una moratoria legislativa, es tan probable como que los países desarrollados lleguen alguna vez a comprometerse con políticas que seriamente ataquen el problema de las emisiones atmosféricas”.
El petróleo y el gas natural seguirán dominando la escena internacional por muchas décadas y las grandes petroleras internacionales seguirán jugando un papel preponderante.
*Ex presidente de Pdvsa