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El ranking de los gobiernos

DICEN LOS PSICÓLOGOS QUE LOS hombres tienen una tendencia innata a ordenar las cosas.

26 de junio de 2009 - 05:11 p. m.
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De tratar de decidir qué es lo mejor y qué es lo peor, aún cuando se trata de temas subjetivos. Será por eso que no podemos resistir la tendencia a hacer listas. Cuál es el mejor equipo de fútbol, quién es el mejor tenista, etc. ¿Cuál sería, entonces, el orden de los gobiernos de Colombia de los últimos tiempos?

Los dos gobiernos más destacados de los últimos 25 años son el de Gaviria y el primero de Uribe. Ambos asumieron el poder en medio de muy graves amenazas de orden público. En el caso de Gaviria, los mafiosos habían eliminado a gran parte de sus rivales y querían eliminarlo a él. En el caso de Uribe, las Farc estaban crecidas, con presencia en gran parte de Colombia.

Tanto Gaviria como Uribe enfrentaron con relativo éxito estos retos, pero en el campo del orden público el éxito de Uribe fue quizás más contundente. Sin embargo, Gaviria tuvo mayores ambiciones y ejecutorias en los demás campos: fue un gobierno más reformista. Quizás no les viene mal el famoso verso de Arquíloco: El zorro sabe muchas cosas y el puercoespín sabe una cosa grande. En este caso, el primer lugar es para el zorro.

En el segundo grupo estarían los gobiernos de Barco y Pastrana. Ambos se caracterizaron por una administración responsable de los temas públicos. Barco tuvo más éxito, pero también le tocaron mejores tiempos. Pastrana tuvo que enfrentar una crisis financiera internacional de gran envergadura.

El gobierno de Barco sufrió por el paulatino deterioro de su salud. Pero sus colaboradores mantuvieron un equipo coherente y eficaz, de primera línea. Quizás haya algún debate de qué tan cerca estuvieron de gobernar con un presidente incapacitado, y qué tanta falta hizo la presencia política del Presidente, pero dejando de lado este tema, sus resultados lo colocan en tercer lugar, por delante de Pastrana, cuyo gobierno necesariamente sufre por la prolongación inexplicable del experimento del Caguán.

En el tercer grupo están Samper y Betancur. Ambos pertenecen a la estirpe de los políticos naturales, con una enorme capacidad de seducción de la opinión pública. Al final, este mismo don les hizo perder sus inhibiciones y, en más de una ocasión, les hizo sacrificar la seriedad de los temas de gobierno por embelesarse con su propia capacidad de prestidigitación política. Ambos vacilaron en temas relacionados con el narcotráfico y pagaron un precio alto por ello. El gobierno de Betancur tiene el gran lunar del Palacio de Justicia, ya sea que se le considere víctima silenciosa de un golpe de estado temporal o responsable de una reacción incompetente y desproporcionada. Pero la historia va a ser más severa con Samper, porque sus infortunios fueron, en gran medida, auto-infligidos, y no dio nunca muestra de entenderlos.

En el último lugar tiene que estar el segundo gobierno de Uribe. Esto puede parecer paradójico, pues en este gobierno se cosecharon frutos de lo que se hizo en el primero, sobre todo en el frente del orden público. Pero, sin duda, el segundo gobierno de Uribe será recordado por la ausencia de cualquier otra iniciativa, diferente del asalto brutal sobre el orden político para asegurar un tercer mandato. Los abusos contra las personas y las instituciones, por una causa de beneficio puramente personal, van a tomar años en repararse, aún si el empeño del gobierno fracasa. Por eso, el segundo gobierno Uribe parece tener asegurada su posición de colero, a menos de que se logre hacer reelegir.

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