Además de ser deliciosa, es muy nutritiva y se utiliza ampliamente en la medicina naturista.
Vamos a hablar de una de las flores comestibles más famosas de todo el repertorio culinario: la alcachofa. Originaria del norte de África, ya se comercializaba en Venecia hacia 1466 y por esa época entró a integrar la culinaria de la Toscana. Viajó a Francia con Catalina de Médicis y llegó a América con los conquistadores. Se ha aposentado tanto entre sus seguidores que incluso Pablo Neruda le dedicó una oda y Marilyn Monroe fue, en 1949, la primera soberana del Reinado de la Alcachofa que se celebra en California.
Quizá la razón de su fama es que, además de ser deliciosa, es muy nutritiva y se utiliza ampliamente en la medicina naturista por sus propiedades diuréticas y sus aportes de minerales, vitaminas y fibra. Además, la alcachofa contiene esteroles, una sustancia que limita la absorción de colesterol en el organismo. A la flor de la Cynara scolymus le dicen alcachofa en algunas partes y alcaucil en otras, y se suelen utilizar en la cocina sus sabrosos corazones o la parte más tierna de sus pétalos. Recuerdo especialmente los corazones rellenos que preparaba mi abuela y la famosa crema de alcachofa que bien preparada es una verdadera delicia.
Los colombianos comemos la alcachofa entera, acompañada de un guiso o una vinagreta, y vamos “deshojándola” hasta llegar a su tierno corazón; pero se puede disfrutar “a la judía” (rebozadas con miga de pan, ajo y hierbabuena, y horneadas); frita en su versión más tierna, como las de Balzac, su corazón crudo y con limón y aceite de oliva, que es como más me gusta, o como la presentaré esta semana, en una receta que ha sido un hit en el Harry’s Bar. Para pelarlas, utilice guantes, pues pueden tener pequeñas espinas, y con un cuchillo pequeño vaya retirando hoja por hoja, que se deben reservar en agua con limón para evitar su oxidación. Al final, se corta el pie de la flor, se retira la piel del corazón y con una cuchara se retiran las hojitas moradas y los pistilos que se encuentran en el cuenco del corazón.
Langostinos y corazones de alcachofa como en Harry’s Bar
Ingredientes
6 corazones de alcachofas frescos tajados en láminas finas
24 langostinos U12 pelados y desvenados
4 cucharadas de aceite de oliva
1 diente de ajo machacado
1 vaso de vino blanco
Jugo de 2 limones
6 cucharadas de mantequilla
Hojitas de perejil liso
Sal y pimienta al gusto
Preparación
En una sartén caliente con el aceite de oliva dore el diente de ajo y retírelo. Añada los langostinos previamente sazonados con sal y pimienta, y deje dorar hasta que comiencen a cambiar de color. Retire y reserve. Agregue a la sartén los corazones de alcachofa y saltee; integre el jugo de limón y el vino, y deje reducir un poco. Devuelva los langostinos. Termine agregando la mantequilla y revolviendo bien para dar cuerpo a la salsa, añada las hojitas de perejil y rectifique el punto de sal. Recuerde que los corazones de alcachofa deben quedar al dente.