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En manos de votantes ajenos

17 de octubre de 2008 - 08:52 p. m.

Se equivocan quienes piensan que los asuntos internacionales no jugarán un papel importante en las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

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Aunque millones de votantes no entiendan los aspectos más elementales de la vida internacional, ignoren las complejidades del conflicto que su actual Presidente desató en Irak, o no tengan interés alguno en la política que la Casa Blanca adelante en una u otra región del mundo, su voto será definitivo en la escogencia de opciones para el manejo de la crisis económica. Con esto basta para que su decisión tenga efectos internacionales, porque más que en las acciones disciplinarias de policía del mundo, el papel internacional de los Estados Unidos se centra en la manera como continúe o no ejerciendo un papel protagónico en la economía capitalista globalizada.

Aparentemente la campaña presidencial norteamericana se fue apartando de los temas internacionales en la medida que los candidatos, como ejercicio previo a la toma de responsabilidades, tuvieron que dedicarse fundamentalmente a discutir sobre la crisis económica. Esto significa que asuntos como el de la guerra global contra el terrorismo,  la campaña de Irak, las perspectivas de acción hacia Pakistán y el manejo de la situación afgana, que parecían ser platos fuertes de la controversia, quedaron relegados de la discusión pública.

Es muy claro que asumir una u otra posición respecto de las milicias iraquíes o de las bandas internacionales que los soldados estadounidenses tienen que enfrentar en Irak, puede mover menos el corazón y la voluntad de un votante promedio, que una referencia específica a la manera como el gobierno se ocupará del empleo o de la salvación de los deudores morosos. Pero esto no significa que la escogencia de uno u otro camino, en cuanto hace a decisiones económicas, se convierta en un tema interno.

Los ejercicios de liderazgo en el conjunto de la sociedad internacional no implican solamente privilegios y oportunidades de beneficios políticos. También conllevan responsabilidades y requieren de la disposición a asumir costos a cambio de mantener una primacía a la que no se puede renunciar fácilmente.

Lo anterior significa que, quien quiera que sea el nuevo inquilino de la casa presidencial, son muy pocas las decisiones que tome que no tengan consecuencias de amplio espectro. Por esto es que todos nos vemos obligados a seguir con atención el curso de las campañas norteamericanas, que tienen la peculiaridad de afectarnos sin que podamos ir a las urnas a expresar nuestra voluntad. Lo que nos pone de alguna manera en manos de unos votantes que ven el mundo desde una óptica extraña, que en muchos casos no van más allá de su vereda, y cuando más de la masa continental americana.

La crisis del modelo económico que dio rienda suelta a la imaginación de los inventores de productos especulativos, ha venido a hacer tanto daño a la imagen y al liderazgo de los Estados Unidos como lo ha podido hacer la aventura de tomarse a Irak con aire de libertadores y cantar en falso victoria unos días más tarde, para terminar quedándose allí por años en una lucha sangrienta y desordenada. Por eso el manejo que el nuevo presidente pueda dar a la economía tiene tanto o más interés para su pueblo, y para el resto del mundo, que lo que le dejen hacer en las calles de Bagdad.

Está por verse la forma en la que al interior de la sociedad capitalista más avanzada y poderosa de la historia se generen elementos de manejo capaces de contradecir los augurios de los estudiosos críticos del modelo, que no se cansaron de predecir algunas de sus hecatombes. Lo curioso es que todas esas grandes decisiones, lo mismo que las correspondientes al cambio climático, la proliferación de armas, el terrorismo, la pobreza, las amenazas epidémicas y la precariedad de muchos estados, entre otras, quedarán en manos de unas personas que, para obtener el poder, deben hablarles a los votantes de asuntos elementales, porque no hay otra forma de cautivarlos.

edubaras@yahoo.com

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