EL PARTIDO LIBERAL ACABA DE DARle una gran lección al Polo Democrático:
luego de realizar una consulta interna para escoger candidato a la Presidencia y de reunir un congreso donde hablaron los dos principales rivales, los ex presidentes César Gaviria y Ernesto Samper, y se expresaron los distintos matices, desde el más radical, encabezado por la senadora Piedad Córdoba, hasta el más moderado, tal vez encarnado por el ex gobernador de Antioquia y precandidato Aníbal Gaviria, el liberalismo logró ponerse de acuerdo para tomar dos decisiones que tienen toda la lógica política: elegir jefe único del partido al ganador de la consulta interna, Rafael Pardo, el actual candidato presidencial del liberalismo, como lo propuso César Gaviria, anterior jefe único, y darle plenos poderes para que busque las alianzas preelectorales que considere necesarias. Con esas decisiones, sin lugar a dudas, se fortaleció el Partido Liberal porque se alineó en torno a un liderazgo y a unos derroteros claros.
En cambio el Polo Democrático, luego de la consulta interna, no ha podido ponerse de acuerdo en nada (¡la verdad es que antes de ella tampoco lo había logrado!): eligió candidato presidencial al senador Gustavo Petro, sin que los sectores derrotados lo apoyen del todo, como debía ocurrir en una colectividad que tiene unos estatutos que establecen que el candidato es el que resulte ganador en la consulta interna. Y en cambio de designar a ese ganador presidente del partido, como hizo el liberalismo, y de darle plenos poderes, como es lo lógico, el Polo no ha podido escoger presidente ni secretario general, porque quienes resultaron minoritarios en la consulta no se resignan a aceptar su realidad. Entonces, el Polo se va a presentar acéfalo y desorganizado a estas difíciles elecciones, en las que todos los que no están de acuerdo con la reelección deberían tener la madurez para caminar de la mano con el fin de derrotar al gran rival. ¡Triste espectáculo el dado por una fuerza política que debería ser, no el conglomerado de enemigos que parece ser hoy, sino un partido modelo en cuanto a su democracia interna, su espíritu de compañerismo y su acatamiento de sus propias reglas! ¡Pobre Polo!
Y no puedo terminar esta columna sin hacerle un reconocimiento a César Gaviria por la valentía y la consistencia con que manejó la oposición: ante los escándalos de corrupción, las embestidas del Presidente contra la Constitución del 91, y el irrespeto del Gobierno hacia la Corte, Gaviria siempre reaccionó oportunamente e hizo críticas demoledoras. Sin embargo el Partido Liberal no le respondió, no oyó sus argumentos, no lo siguió abrumadoramente. Y no lo hizo porque no podía hacerlo: Gaviria se equivocó en que no tuvo en cuenta que gran parte del liberalismo es uribista, y que Uribe y la mayoría de los políticos que lo acompañan, comenzando por los Santos, proceden del Partido Liberal. Por ese motivo la oposición no le ha dado frutos al liberalismo. En cambio al Polo sí.
(¿No será que lo que le pasó a César Gaviria en este último tiempo fue que militó en el partido equivocado?)
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Esta columna dejará de aparecer durante cuatro viernes: dos festivos y dos que estaré de vacaciones. De modo que les deseo, queridos lectores, feliz Navidad y un 2010 lleno de alegría, prosperidad y paz.