El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Estados Unidos en la crisis: ni que sí, ni quizás, ni que no

Los Estados Unidos han jugado en la crisis egipcia un papel tan ambiguo como toda su política exterior bajo el régimen de Obama.

PUBLICIDAD

Su apoyo a Egipto ha estado basado en la búsqueda de la estabilidad regional y la protección de Israel. Para ello, ha apoyado al ejército egipcio durante décadas y, por lo mismo, al régimen cuasi-dictatorial de Mubarak. Por eso, la caída de Mubarak era y es para los Estados Unidos un peligro sí y solo sí su reemplazo se aleja de su agenda en la zona.

El discurso oficial de los Estados Unidos estuvo centrado en ambigüedades, llamados a la paz, la defensa de los valores universales y la necesidad de cambio, sin desarrollar ninguna de estas ideas. Es decir respondió con lo que se conoce en ciencia política como un concepto “catch-all” (atrápalo todo), donde cabe cualquier cosa.

Al comienzo, apostaron por la permanencia de Mubarak, luego por el asenso de Omar Suleiman quien estaba en Washington cuando estalló la crisis, y finalmente aceptaron la hasta ahora mal llamada transición conducida por los militares. Cualquiera de las tres opciones serviría a la agenda de los Estados Unidos: mantener el statu quo.

La segunda preocupación norteamericana (o talvez la primera) deviene de su relación con Israel. Y la preocupación de Israel no es la democracia en Egipto (de hecho apoyó a Mubarak hasta el último minuto) sino la preservación de su principal aliado en el mundo árabe.

La llegada de los militares al poder no sería un motivo de preocupación para los Estados Unidos (ni para Israel) por cuanto los millones de dólares americanos que llegan en ayuda militar cada año pesarían entre las elites del ejército a la hora de hacer cuentas. (Egipto es el segundo receptor de ayuda militar de los Estados Unidos el mundo).

Obama sabe que el ejército eternizado en el poder no sería un actor del cambio. Los militares fueron quienes mantuvieron el régimen de Mubarak durante 30 años, quienes han reprimido las revueltas, quienes han violado sistemáticamente los derechos humanos, ¿por qué fiarse de ellos? Porque no afectan su ecuación de poder en la zona; y además, hacen bien la tarea cuando de colaborar con la CIA y con la guerra contra el terror se trata.

Los Estados Unidos deben entender que la democracia no se mide en re-elecciones, ni en popularidad. Y su llamado a la democracia contrasta con su fracaso a imponerla por la fuerza en Irak y Afganistán, lo que le ha valido el rechazo, precisamente, del mundo árabe.
 

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias