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Federer: cinco títulos de Maestros

La victoria de Roger Federer sobre Rafael Nadal en la final del Torneo de Maestros es asombrosa desde varios puntos de vista.

02 de diciembre de 2010 - 05:00 p. m.
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Primero, simplemente por la increíble calidad de juego desplegada por ambos jugadores. Segundo, por ser ellos quienes son: dos candidatos a la inevitablemente elusiva corona del mejor de todos los tiempos. Tercero, porque este torneo reunió a los ocho mejores del año, y —siguiendo un estricto orden jerárquico como pocas veces se ve en el deporte— dejó al Top 4 en las semifinales y a los dos grandes en el enfrentamiento final. Y cuarto, porque todos los comentaristas se habían apresurado ya a dar por muerto al gran Roger.

Éste, en efecto, había tenido un mal año. ¿Malo? Sí. Apenas ganó un Gran Slam y un par de torneos menores. De hecho, en algún momento cayó hasta el tercer puesto en el escalafón. Es decir, sólo tenía en su palmarés resultados superiores a los que ha obtenido Djokovic en la cumbre de su carrera, y por los que Andy Murray mataría sin pensarlo dos veces. Cierto, estaba jugando mucho peor que de costumbre. Pero con un condimento extraño: había prescindido por meses enteros de entrenador. Estaba dando esa pequeña ventajita. ¿Soberbia costosa? Sin duda. Federer era el único tenista extra clase que iba a la lid en esas condiciones. Hoy no se puede actuar así en el mundo de la alta competición. A mitad de año decidió contratar a Paul Anacone, quien le ayudó a enderezar el camino.

Los resultados saltan a la vista. Después del US Open ganó 17 partidos y perdió apenas dos. Cierto, 2010 resultó el año de Nadal. Tanto, que un comentarista completamente creíble, Jhon McEnroe, lo candidatizó a la corona del más grande, por encima de Federer. En efecto, a sus 24 años Nadal ha ganado más que Federer, y además tiene amplia ventaja sobre él en sus enfrentamientos personales (14-8). Sin embargo, las cuentas de McEnroe fallan. Primero, el juego de Nadal involucra un despliegue físico. Tiene que correr de un lado para otro como una liebre, brincar, saltar, para mantener su nivel de juego. Su cuerpo por tanto ya está haciendo agua (sí, sí: no hay nada peor para la salud que el deporte de alto rendimiento). Es inverosímil que pueda mantenerse durante cuatro años, como ha hecho Federer, cuya carrera ha transcurrido prácticamente sin una lesión. Por otra parte, es cierto que Nadal ha derrotado a Federer más que éste a aquel, pero sólo porque el suizo ha llegado a muchas más finales en tierra batida que el español a canchas rápidas. De los 22 enfrentamientos, 12 han sido en polvo de ladrillo, de los cuales Nadal se ha quedado con 10. En las otras canchas, Federer lleva ahora una superioridad de 6-4. Entre más progrese Nadal en canchas rápidas, más se igualará su marcador con Federer.

En muy pocos dominios encuentro otras figuras (Capablanca en ajedrez; Hirschman en literatura académica) que combinen con tanta fluidez y armonía la total simplicidad y la máxima capacidad técnica. Por ello, es bueno saber que hay Federer para rato.

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