Hoy 25 de diciembre el mundo católico se encuentra de fiesta conmemorando la llegada del hijo de Dios, el Salvador y Rey descendiente de David.
Sin embargo, es muy importante conocer muy bien la expresión “Mesías” que significa la espera de algo muy importante que cambiará el rumbo de nuestras vidas; de las comunidades a las cuales estamos vinculados en una u otra forma, y en general para todo lo bueno que nos debe llegar como premio por haber logrado conquistas en pos de algún proyecto de beneficio común durante el año que está por terminar.
La Navidad es tiempo de amor, de paz y de reconciliación, pero, también de reflexión. Es un espacio oportuno que debemos aprovechar con el fin de corregir ciertos desafueros cometidos durante el año que justamente finaliza y comienza con el fin de los días navideños. Los niños por lo general son los protagonistas en los hogares y en la sociedad de estas festividades. Sin embargo, hay que lamentar que millones de ellos, no tienen una navidad feliz; cientos de miles son maltratados y muchas veces asesinados por sus propios progenitores, también los que tienen que soportar el lastre de ser hijos de hogares desestabilizados por la separación y posterior abandono de sus padres; otros se encuentran poseídos por el dominio de las drogas, y los que ingresan por la fuerza a los grupos guerrilleros y de delincuencia organizada, donde son sometidos a trabajos forzados con la amenaza de ser masacrados sino cumplen órdenes superiores; tendrán una navidad triste y desolada. Para todos estos niños, la llegada del Mesías, depende en gran parte de los padres, y adultos en general que debemos entender que son seres que aún no cuentan con la capacidad de su libre albedrío para decidir por sus propios medios, ni mucho menos, con las fuerzas suficientes para soportar extenuantes jornadas impuestas contra su voluntad.
Siempre hemos creído que con la llegada de la Navidad el 25 de diciembre, desaparece toda oportunidad de vida y presencia del Mesías, para el resto de los días y meses del año. Considero que no existe apreciación más equivocada que esta, al confundir la alegría navideña con un completo carnaval, sin abrir un espacio para la parte espiritual, meditación y la reconciliación con nuestros semejantes. Observemos cómo después de las festividades de fin de año, más o menos a partir del 15 de enero, empieza una etapa crítica para muchas familias, puesto que, en su mayor parte no midieron las consecuencias al gastar desaforadamente lo conseguido durante los doce meses del año, sin prever, que, para el mes de febrero, el presupuesto de educación llega con todas las consecuencias fatales para sus hijos en edad escolar y universitaria.
Los estudiosos del Mesianismo, colocan con gran sabiduría un mensaje de futuro para todo proyecto de vida que se estructura y desarrolla de acuerdo con el leal saber y entender de quienes lo promueven, para sus posibles beneficiarios. A estos programas positivos y con posteriores resultados y esfuerzos comunitarios, se les denomina hechos Mesiánicos de prosperidad y de las acciones comunitarias. Es muy importante determinar que las bonanzas producto de nuestro trabajo y esfuerzo tienen una fuerza espiritual, así no la calculemos o quizás la desconozcamos, porque, es sencillamente la presencia del Bienhechor o por así decirlo del Mesías.
La Navidad en nuestro medio tiene bellos ingredientes muy propios de cada una de nuestras regiones. Por los noticieros de televisión y demás medios en este año, hemos vistos cómo desde diferentes Regiones del País, se están lanzando mensajes de paz y de amor, matizados con los productos propios de cada una de ellas, infortunadamente sin tener en cuenta los factores del desarrollo humano. Si lográsemos hacerlo, sería un factor de progreso fundamental para valorar el recurso humano frente a las oportunidades de desarrollo. Este es precisamente un noble mensaje Mesiánico, que hay que desentrañarlo teniendo en cuenta la idiosincrasia de sus gentes, con sus coeficientes sociales y metas de progreso.
Con la llegada del Mesías, debemos invocar solidariamente la construcción de senderos de paz y de libertad. Mientras continúen miles de compatriotas secuestrados en las inhóspitas selvas pudriéndose desde en vida con más de diez años de cautiverio, siempre tendremos un Mesías prisionero, enfermo y harapiento, pidiendo clemencia para que los grupos de narcoterroristas que operan al margen de la Ley los liberen, se reencuentren con sus familias y puedan recibir una Navidad en paz en el seno de sus hogares y de la sociedad que día a día los esperamos con los brazos abiertos.
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