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Heroína de los burdeles

28 de septiembre de 2008 - 07:24 p. m.

LOS DIRIGENTES DEL MUNDO EStán desfilando por Nueva York en esta semana para asistir a una Asamblea General de Naciones Unidas que revisa su (falta de) progreso en el combate mundial a la pobreza. Esto es urgente y necesario, pero de lo que ellos no hablan en la medida suficiente es de una de las más sombrías manifestaciones de la pobreza: el tráfico sexual.

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Se reconoce ampliamente que esta es la versión de la esclavitud en el siglo XXI, pero los gobiernos la aceptan, en parte, porque al parecer desafía las soluciones. Se dice que la prostitución es la profesión más vieja. Existe en todos los países, y si algunas jóvenes adolescentes son encerradas en burdeles hasta que mueran de sida, se considera que eso es trágico pero inevitable.

El contrapunto perfecto de ese fatalismo es Somaly Mam, uno de los más valientes y audaces de esos visitantes extranjeros que llegaron a la ciudad de Nueva York este mes. Somaly es una nacional camboyana quien, en su adolescencia, fue vendida a los burdeles y actualmente dirige una organización que arranca a las jóvenes de la prostitución forzada.

Ahora, Somaly ya publicó su inspiradora memoria, El camino de la inocencia perdida, en Estados Unidos, y el texto ofrece algunas lecciones para acometer el problema en general.

En el pasado, cuando había visto a Somaly y su equipo en Camboya, francamente no creí que ella fuera a sobrevivir durante todo este tiempo. Maleantes que dirigen los burdeles le han apuntado con un arma a la cabeza y, viendo que no podían intimidar a Somaly con sus amenazas, encontraron otra forma de hacerle daño: secuestraron y cometieron actos brutales con su hija de 14 años de edad.

Hace tres años, escribí desde Camboya acerca de una redada que Somaly organizó en contra del burdel Chai Hour II, donde más de 200 jóvenes habían sido confinadas. Las jóvenes rescatadas del burdel fueron llevadas al refugio de Somaly, pero, al día siguiente, un grupo de gánsteres atacó el refugio, secuestró a las jóvenes y se las llevó de nuevo al burdel.

No obstante, Somaly continuó con su lucha y, con la ayuda de muchos más, ella ha registrado un progreso real. Hoy día, dice, el burdel Chai Hour II ya fue cerrado. En buena medida, lo mismo ocurrió con el área de burdeles Svay Pak, donde, en mi primera visita, adolescentes de 12 años de edad estaban a la venta abiertamente.

"Si usted quiere comprar una virgen, no es fácil en estos momentos", nota Somaly, hablando en inglés, su quinto idioma.

Los refugios de Somaly —donde la niña más joven que se haya rescatado tiene cuatro años de edad— suministran educación y empleos. Lo que reviste mayor importancia es que Somaly aplica presión popular e internacional para impulsar a la policía a que aplique severas medidas en contra de los peores burdeles y se lleve a juicio a los dueños de los locales. La idea consiste en socavar el modelo comercial del tráfico sexual.

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En su libro, Somaly relata cómo creció en la orfandad y fue "adoptada" por un hombre que la vendió a un burdel. Una vez que Somaly huyó, la policía la violó tumultuariamente. Después el propietario, al recuperar su “propiedad”, no solamente la golpeó y la humilló, sino que la ató desnuda al piso y le echó gusanos en la piel y en la boca.

Pero, incluso después de esa vez, Somaly lo desafiaba de cuando en cuando. Una vez, dos nuevas jóvenes, de aproximadamente 14 años, fueron llevadas al burdel y las dejaron atadas en su interior. Somaly las desató y les permitió huir. Por eso, a ella la torturaron con electrochoques.

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A medida que Camboya se fue abriendo, Somaly empezó a recibir clientes extranjeros, a los cuales prefería enormemente debido a que ellos, encima de todo, no la golpeaban, y empezó a aprender idiomas extranjeros. Con el tiempo, un trabajador francés de nombre Pierre Legros contrajo matrimonio con ella y juntos fundaron Afesip, una pequeña organización dedicada al combate del tráfico sexual. Actualmente ya están divorciados y Somaly trabaja principalmente a través de la Fundación Somaly Mam, creada por estadounidenses que la admiraban, enfocada a financiar su batalla en contra del tráfico en Camboya. Es una exitosa colaboración entre bienhechores estadounidenses con dinero y una bienhechora camboyana con amplio conocimiento de las calles locales.

El peor tráfico (sexual) del mundo se da en Asia, pero fugitivas adolescentes en Estados Unidos también suelen ser objeto de actos brutales por parte de sus proxenetas. Si una joven rubia de clase media desaparece, las autoridades emiten una Alerta Ámbar y la televisión por cable se vuelve loca, pero ni las autoridades federales ni las locales hacen suficiente —y por mucho— para ir detrás de proxenetas que abusan salvajemente de jóvenes en problemas que no coinciden con la narrativa de la “rubia desaparecida”. El sistema no funciona.

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Una iniciativa de ley enfocada a reforzar los esfuerzos para el combate de dicho tráfico dentro de Estados Unidos fue aprobada de manera abrumadora por la Cámara de Representantes, encabezada por Carolyn Maloney, demócrata por Nueva York. No obstante, cláusulas cruciales para aplicar severas medidas están siendo obstruidas en el Senado estadounidense, en parte, por los senadores Sam Brownback y Joe Biden, quienes consideran que las cláusulas de la cámara baja son innecesarias y problemáticas. (Barack Obama lo entiende y hace los comentarios apropiados con respecto a este tráfico ante la opinión popular, pero todo parece indicar que no lo hace con su compañero de fórmula).

Al tiempo que los líderes de Naciones Unidas se enfocaron esta semana en superar la pobreza, Somaly es un recordatorio de que no hay necesidad de aceptar la esclavitud de las niñas y jóvenes, ya sea en Estados Unidos o en el extranjero. Si nosotros derrotamos la esclavitud en el siglo XIX, podemos derrotarla en el siglo XXI.

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*Columnista de ‘The New York Times’, dos veces ganador del Premio Pulitzer. c.2008 – The New York Times News Service.

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