Cuando Holanda la tenía más complicada ante Uruguay surgió Sneijder, aprovechó un error del asistente y con dos goles sentenció el partido y metió a su equipo en la final por tercera vez en la historia.
Fue un partido parejo hasta los 70 minutos. Uruguay, con doble línea de cuatro jugando a lo que sabe, peleando la pelota, dependiendo de Forlán y sintiendo en ataque la ausencia de Luis Suárez, pues Cavani era más importante defendiendo en el juego aéreo que atacando.
Holanda volvió a repetir lo que ha hecho en todo el Mundial. Guarda la pólvora para la recta final. No es el equipo del gran espectáculo, ni la naranja mecánica ni el encantador de públicos. Pero es práctico, paciente, seguro y siempre tiene un as bajo la manga para resolver.
Ganó Holanda 3-2 y después del segundo gol uruguayo de Pereira tras cobro de falta, se defendió como gato chiquito. Quedó por fuera una guapa selección uruguaya, que llegó más lejos de lo esperado. Ahora Holanda deberá convencer con su arma letal que es el resultado, pues el fútbol brillante no ha sido su mayor virtud.
Cuando se tienen jugadores como Sneijder y Robben, más una defensa fuerte y convencida, todo puede pasar favorablemente. Lástima que se vaya un señor jugador llamado Diego Forlán, generador de juego, colectivo, impredecible y goleador. Este torneo le dio el título de figura mundial que siempre le negaron en España.
Un estudio de la Nasa determinó que el balón Jabulani es impredecible a partir de los 72 kilómetros por hora. El remate para el primer gol de Holanda de Van Bronckhorst iba a 108 kilómetros por hora y el empate de Forlán desde 28 metros a 98 kilómetros. Los dos arqueros sintieron la trayectoria poco franca y fueron víctimas de las diabluras de la pelota.
Sneijder se puede convertir en el único jugador que gane el mismo año la Copa, la Liga, la Champion y el Mundial si Holanda obtiene el título.