El ya memorable «Putisgate» tiene un actor adicional además de los ya implicados (as) que resulta imprescindible: el hoy tristemente célebre Hotel Caribe, que fuera en su época lo más diamantino, referente internacional y orgullo cartagenero.
Cínicamente sus directivos han reconocido que ese establecimiento, que ha albergado lo más granado de la sociedad y aloja permanentemente familias y niños, sí permite ingresar muchachas de la vida alegre siempre y cuando no se paseen (?) por los pasillos y las zonas comunes del hotel, no armen escándalos y se vayan antes de clarear el alba.
Con lo anterior queda demostrada la doble moral de ese y otros encopetados hoteles que por una parte se precian de ser un dechado de virtudes y excelencias y por la otra prohíjan la prostitución soterradamente gracias al célebre no pero sí.
Y si sólo fuera tal permisividad, contrariando los reglamentos que los rigen y en los que, claro, jamás colocarán semejante anuencia y complicidad con la profesión más antigua del mundo. Es que además esos mismos hoteles incitan, promueven, facilitan, consiguen y alcahuetean la introducción de todo tipo de mujeres (y población LGBT), cohonestando con el tráfico sexual que aun estando amparado por la ley, que no prohíbe la prostitución, sí al menos riñe con la fachada de “respetabilidad” que publicitan profusamente.
Porteros, taxistas, botones, jefes de seguridad, recepcionistas, camareros, y de ahí para arriba, tienen montado un departamento alterno de alimentos y entretención que se inicia con un catálogo provocadoramente impreso en el que ofertan las mercancías con sus respectivos costos y lo que incluyen y, previo pago anticipado —entregado a ellos— coronan la entrega sin que nadie se dé cuenta.
Hay otra modalidad menos tiniebla y es que las Deyaniras, las Luz Darys, las Chirleis o también los Mariconsuelos o los Flor de Loto se registran como huéspedes adicionales y se les cobra por unas cuantas horitas.
Sin mojigatería alguna, no se trata de que se impida esta práctica por demás harto peligrosa. Allá cada hotel pero, ¡por favor!: Que esos mismos establecimientos y las entidades que los agrupan y los rigen, no nos vengan con un cuento totalmente distinto y se laven las manos con el viejo truco que hizo carrera en nuestro país: si eso sucedió, se hizo a nuestras espaldas.