Cuando se trata de condenar a Israel por lo que hace o deja de hacer, buena parte de los actores globales pierden el sentido de la ecuanimidad y se lanzan ávidos sobre su presa.
Hechos de mayor gravedad en otras latitudes pasan inadvertidos en los medios y no llegan nunca a las organizaciones internacionales. Se presenta el conflicto entre Israel y los palestinos a través de un prisma que difracta sólo el negro o el blanco. No hay grises, no hay matices, no hay hechos, no hay cifras, no hay seres humanos, sólo “verdades absolutas” y mucha desinformación.
Sin lugar a dudas, Israel cometió un error estratégico en la operación de abordaje del Mavi Mármara. Es cierto, igualmente, que el bloqueo que han impuesto Israel y Egipto a Gaza debe ser reevaluado a la luz de las circunstancias y es conveniente que entre Israel y la Autoridad Nacional Palestina se llegue a un acuerdo para su levantamiento.
Pero es absolutamente indiscutible que Israel es víctima de una campaña orquestada desde diferentes lugares y con una variedad de actores, cuyo objetivo es deslegitimar su existencia como Nación y Estado.
Así se forjan alianzas “imposibles”, como la existente entre la izquierda extrema y el islam radical para demonizar al Estado judío. Se convoca a boicots académicos contra intelectuales israelíes, muchos, opositores a las políticas de los gobiernos de Israel. Los medios en su mayoría se unen a este coro “góspel” abandonando la objetividad.
Así también actúa el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que en 34 ocasiones ha condenado a Israel a la vez que ha ignorado crasas violaciones a los derechos humanos en un gran número de países. Claro que entre los inquisidores de nuevo cuño que ocupan las mullidas poltronas de esta farsa en Ginebra se encuentran Cuba, Pakistán , Libia, Rusia, Arabia Saudita y otros violadores consuetudinarios de los más elementales derechos humanos.
El prisma blanco-negro muestra una flotilla de 700 pacíficos pasajeros que llevaban ayuda humanitaria, pero se ignora que lo que se buscaba era un golpe propagandístico y provocar a Israel en un lance organizado por un grupo radical islámico turco aliado con Hamás. Se menciona repetidamente el bloqueo, pero se desconoce que Hamás es el verdadero causante de la desesperada situación humanitaria de los habitantes de Gaza, al haber convertido este territorio en una plataforma para atacar a Israel con cohetes. Se desconocen las legítimas necesidades de seguridad de Israel al cual Irán, Hezbolá y Hamás han prometido destruir.
Y se le entrega a Hamás una victoria sobre los cadáveres de los nueve activistas muertos para que pueda seguir usando a los palestinos de Gaza como rehenes de su ideología radical.