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Indignados

25 de agosto de 2013 - 06:00 p. m.

Aprecio el papel modulador, progresista y democrático que ha cumplido El Espectador en el país, y especialmente en este último período de su vida. Pero su editorial del sábado (“Indignados con las pretendidas dignidades”, 24/08/2013) me recuerda que su perspectiva y su anclaje está, al final de cuentas, con el establecimiento.

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Defienden la protesta popular, pero dentro de los cauces de lo que suele llamarse la “buena educación”, y que ojalá se desarrolle bajo las directrices de las instituciones oficiales y oficiosas. En esta línea, sería conveniente que los participantes hicieran gala de una disciplina escolar bien adobada con la paciencia del santo Job. Deberían, además de recibir agradecidos las palizas del Esmad y una que otra bala siempre achacada a guerrilleros infiltrados, regocijarse con las deformaciones y las calumnias del Gobierno y de los medios de comunicación cuando “informan” y “analizan” sus expresiones, que no son otra cosa que la democracia de la calle y de las carreteras. Los que allí manifiestan son el pueblo que, sociológicamente, por lo menos desde la Revolución Francesa, es una fuerza histórica transformadora que suele hacer presencia tumultuosa y poco aconductada cuando sufre a causa de la desigualdad, la inequidad y la injusticia, cuando el Estado está al servicio de algunos pocos nacionales y extranjeros. Leyendo la “indignación” de El Espectador contra los “indignados” se me viene a la mente el consejo que Bertolt Brecht les daba a los gobiernos: “pues si no les gusta el pueblo, destitúyanlo y nombren otro”.

Néstor Miranda. Bogotá.

El presidente

 sí existe

“Ese tal paro nacional agrario no existe”, palabras del presidente Santos. “Ese tal presidente inepto sí existe”, palabras de los campesinos colombianos. Lo que faltaba, el desafío y la burla al campesinado colombiano por improvisar y firmar cual orate los TLC que tienen al país en la quiebra no sólo al agro, sino: paperos, arroceros, lecheros, mineros, confeccionistas, textileros, cafeteros, estudiantes, y demás. Presidente Santos: acepte que se equivocó, no se burle de la gente organizada, con la razón, y quienes están aguantando literalmente hambre.

Helena Manrique. Bogotá.

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