La economía irlandesa está de capa caída. A manera de rápido resumen, el patrimonio del sistema bancario se esfumó junto con la caída en el precio de activos inmobiliarios (36% hasta el momento) en los cuales había invertido.
Para atajar un eventual pánico, el Gobierno optó por respaldar los pasivos, aportando capital venteado y generando, en consecuencia un gran hueco fiscal (el déficit para 2010 se estima en 32% del PIB) que requiere ser financiado. Quienes podrían prestarle tienen dudas obvias sobre la capacidad del Gobierno de pagar incluso lo que ya debe, dudas que se reflejan en tasas de interés astronómicas y en una caída de los depósitos bancarios. Por esta razón, el Gobierno acudió ya al FMI y la Unión Europea, para conseguir los recursos (unos €85 mil millones) a tasas de interés razonables, en un intento por calmar un aguacero que ya se llevó por delante la gobernabilidad. Punto de fondo: el PIB per cápita, medido en dólares de paridad, cae 14% entre 2007 y 2009 y ningun analista prevee que vuelva a los niveles de 2007 antes de tres o cuatro años.
La crisis es particularmente interesante porque Irlanda encarna una visión liberal sobre el manejo económico, y es uno de los países más amigables al ánimo de lucro del mundo. El vendaval actual ha dado pie, en consecuencia, para todo tipo de pronunciamientos en contra del liberalismo económico. Quiero comentar solo una de tantas, ya habrá ocasión para las otras.
A mediados de los noventa la tasa de tributación corporativa se fijó en 12.5% y ahi sigue, Esta cifra es la mitad del promedio en la UE y más baja que la aplicable en la zonas francas colombianas, por decir algo. Irlanda, dice la tesis, puso las finanzas públicas a depender excesivamente de los ingresos asociados con los inmuebles, sector que, según estos analistas, experimentó una burbuja, en cuyo contexto las finanzas públicas lucían estupendas, pero que al reventar dejó al Gobierno pelado. Creo que el planteamiento tiene varios problemas.
Primero, entre 1996 y 2006, período en el cual la tasa de tributación es 12.5%, la relación entre impuestos corporativos y PNB se eleva, pasando de 3.1% a 3.8% cifra muy similar a la observada en el conjunto de la OECD (3.9% en 2006). Es incorrecto, pues, afirmar que Irlanda, incubó su crisis por cuenta de un presunto deterioro en el recaudo del impuesto corporativo o que sus ingresos por dicho concepto fue inferior al del resto de la OECD.
Segundo, es cierto que el recaudo tributario total creció y colapsó de la mano del vaiven inmobiliario. También es cierto que este carácter fuertemente procíclico del ingreso fiscal tiene riesgos y que estos riesgos claman por políticas públicas parecidas a la regla fiscal que propuso el ex Ministro Zuluaga para Colombia. En Irlanda esto nunca se hizo; el gasto público subió de la mano de los ingresos fiscales, que estaban en plena bonanza, y el déficit, por ende, lucía bajísimo.
Contrario a lo que plantea la hipótesis que comento, el hecho es que el problema no es la baja tasa de tributación corporativa, ni siquiera haber recibido tantos ingresos fiscales fuertemente procíclicos. El problema fue la decisión de elevar fuertemente el gasto público, con sustento en estos ingresos volátiles. Esto fue especialmente perjudicial por cuanto los rubros que se expandieron más fuertemente fueron lo que aqui llamamos el “gasto social”, y la burocracia. Este tipo de gastos no aportan nada al crecimiento y se convierten, en un abrir y cerrar de ojos, en derechos adquiridos rígidos, que no tienen idea de bailar al son de un recaudo tributario volátil.
Para Colombia hay una lección. Una política progresista fundamentada en ingresos derivados del vaiven del mercado inmobiliario (o petrolero, por decir algo) es, en buena parte, una emisión de deuda pública y, en consecuencia, un atraco a la juventud que la tiene que pagar.