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La basura en internet

15 de enero de 2012 - 06:00 p. m.

¿Está la internet aumentando la razón o la racionalidad de las personas? Todo depende de lo que entendamos por estos conceptos.

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El problema es que, como la democracia, el concepto ha sido muy usado y abusado. No existe un consenso sobre su significado y hay muchas definiciones dependiendo de las orientaciones ideológicas, políticas o filosóficas que se adopten. Yo entiendo la razón o la racionalidad, más que una fórmula para incrementar nuestro conocimiento o para encontrar la mejor forma de vivir o para la maximización del bienestar, como una actitud que dice que podemos acercarnos a esos objetivos si establecemos un diálogo ordenado con nuestros semejantes. En uno de los acápites más formidables jamás escritos, Karl Popper definió la racionalidad como un principio que dice “yo puedo estar equivocado, usted puede estar en lo cierto y, juntos, podemos acercarnos un poquito más a la verdad”. En una tradición que comenzó con Kant, es una actitud que promueve la crítica pero, sobre todo, la aceptación de la crítica; que invita a aprender de los errores, para no repetirlos, y que dice que la verdad nunca es definitiva y el error es siempre probable. Así, una persona muy inteligente puede ser muy irracional y cualquier persona normal puede ser muy racional. Es una actitud que nos permitió a los humanos alcanzar en los últimos dos siglos incrementar el conocimiento en forma exponencial, controlar la violencia por medio del derecho, reducir la pobreza, incrementar la esperanza de vida, llevar un hombre a la Luna o descubrir las partículas subatómicas. Detrás de todos estos logros extraordinarios está esa actitud de respeto hacia los semejantes, de ponernos en el lugar de otros, de vernos nosotros mismos desde fuera, de establecer esos diálogos ordenados para criticar y, sobre todo, para aceptar la crítica.

Así, la internet y las redes sociales son plataformas con un potencial gigantesco para incrementar la racionalidad de las personas y de la sociedad. Millones de científicos, académicos y juristas la están utilizando para intercambiar opiniones, avanzar el conocimiento, aprender de los errores, establecer consensos. Pero hay también millones de personas y entidades, que encuentran la internet como un instrumento que trata a las otras personas simplemente como objetos y mercancías y lo utiliza para fines que van de lo inútil a lo peligroso y reprobable, como la difusión de la pornografía, la incitación a la violencia, al racismo, al agravio o la ofensa. Así, la conjunción de una mayor oferta de medios y de terminales electrónicos está permitiendo la circulación de miles de gigabytes de basura electrónica que, para millones de personas, se está tornando adictiva. No se sabe si internet los volvió adictos o usan la internet porque ya eran adictos. Uno de los medios que más grima dan es Twitter. Por construcción, no es un medio de diálogo o de discusión crítica, sino un instrumento de opinión telegráfica, autocontenida y cerrada. Como premia la inmediatez y la rapidez, más que racionalidad o razonabilidad, muchas veces, los mensajes reflejan frivolidad y levedad, cuando no pasión, resentimiento o amargura. Así, más que un escenario de encuentro razonado para la discusión pública, Twitter es un parlante dirigido a los seguidores, a los conversos, a la manada, a los adictos. O contra los opositores y enemigos. En el mejor de lo casos, sirve para la repetición de lo inútil y, en el peor, incrementa la basura de internet.

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