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La ciudad, ¿blanca?

19 de marzo de 2009 - 11:00 p. m.

MIENTRAS QUE UN PUÑADO DE PAyaneses desempolva vírgenes y santos y organiza con devoción y esmero las próximas procesiones que tanto lustre han dado a la capital del Cauca y mientras que centenares de patojos engalanan como pueden las fachadas de su ciudad blanca y se aprestan con su hospitalidad proverbial, sus viandas y su afecto a recibir visitantes  y turistas, la otrora ciudad de paredes blancas está carcomiéndose en sus entrañas.

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Duele oírlo. Duele comprobarlo. Y duele más decirlo pero no es posible que la ciudad procera de Colombia siga en ese estado de mugre, desgreño e impotencia.

La movilidad en el casco urbano colapsó. Transitar por el centro histórico en horas pico es una epopeya. Las calles invadidas por los vendedores ambulantes se adueñaron incluso de los andenes. El olor a manteca de la fritanga hace olvidar los aromas de los inciensos y la santidad que emanaba de sus iglesias. El silencio de la ciudad de piedra pensativa lo reemplazó la venta de minutos para celulares y las carretas con megáfonos.

El hedor a berrinche en las mañanas ni el olor del azufre del Puracé lo logra disimular. Desplazados y visitantes —hasta de Quito— duermen bajo los aleros y allí “dan del cuerpo”. Hay ventas de alucinógenos mezcladas con estampas y postales. El desempleo ha incrementado la violencia y los atracos.  Las zonas verdes son rastrojos. El caos  es total.

La Plaza de Caldas continúa cerrada, víctima de una interminable remodelación. Un puente que tampoco terminan colapsó el sector comercial y ya varios propietarios de almacenes se declararon en desobediencia civil y amenazan con no pagar impuestos.

Ni la cal. Ni el carburo. Ni la solemnidad de las procesiones. Ni el ingente esfuerzo de los pocos que todavía dan la pelea por Popayán pueden contrarrestar la dura realidad de este rincón nacional pletórico de historia, preñado de recuerdos, cuna de poetas, ex presidentes y abolengos que hoy parecen rezagados ante lo que algunos —y ojalá sin razón— están llamando Pocilgayán.

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