El miércoles, al avión del presidente Evo Morales se le impidió sobrevolar el espacio aéreo de cuatro países de la Unión Europea: Francia, Italia, España y Portugal, países con los cuales Bolivia mantiene relaciones diplomáticas.
El hecho demostró claramente una violación a la Convención de Viena, que establece que los vuelos presidenciales no pueden ser obstruidos y tienen inmunidad en cualquier lugar del mundo. Pareciera ser que el temor era que en el vuelo del presidente boliviano estuviera Snowden, hoy por hoy el nuevo enemigo de EE.UU.
Sin credibilidad se quedó el gobierno “socialista” de Françoise Hollande y de Enrico Letta de Italia en cuanto a su proximidad con América Latina, así como las protestas de la Unión Europea contra el espionaje americano, difundido por Snowden, ante los intereses estratégicos de Washington.
Érase una vez una Europa Soft Power. La crisis económica y el fracaso del modelo la sometió a Estados Unidos y empobreció la agenda internacional del continente europeo. Un buen ejemplo de eso es la negociación del tratado de libre comercio entre Europa y Washington; finalmente los TLC siempre se dan entre débiles y fuertes y llegó la hora de tener a la Europa dividida y sin rumbo a los pies de la Casa Blanca. La autonomía política con crisis económica es bastante relativa, eso lo sabemos en América Latina. Sin embargo, es un sinsentido asistir a la rendición de la vieja Europa ante un modelo disfuncional y un liderazgo que se esfuma por utilizar las mismos instrumentos en un mundo que ya no los quiere y tampoco los legitima.
La cuenta de cobro es alta desde hace mucho tiempo: El Cocalero, el primer presidente indígena de América Latina en el siglo XXI y su Estado plurinacional, la alianza con el presidente Chávez, la nacionalización de los recursos naturales, la suspensión de las actividades de la DEA en Bolivia en 2008 y en 2013, la expulsión del país de la representación de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (Usaid) por ser acusada de inmiscuirse en asuntos internos.
Sin embargo, la extraterritorialidad de la política exterior que se desplaza por el globo y que transformó a Irak, después de 10 años, en un Estado fallido es una variable resistente de un mundo que se desploma. América Latina, con raras excepciones y algunas posturas diplomáticas a conveniencia, se ha levantado a apoyar al presidente Evo Morales mediante declaraciones de la OEA, Unasur y Mercosur. Con espionaje o sin espionaje se están cayendo las máscaras y es evidente que el Estado de derecho y los derechos humanos infortunadamente hacen parte de antaño.
No obstante, en medio de la adversidad y de la resistencia activa la región se va fortaleciendo. La América Latina que se solidariza con el presidente Evo Morales es la que no está dispuesta a renunciar a su lugar en el mundo. Unasur se reúne hoy en Cochabamba para debatir el tema y apoyar al presidente boliviano, pero vale preguntar: si el presidente Obama hubiera sido detenido durante 14 horas en un país sudamericano, ¿qué hubiera pasado?
* Beatriz Miranda