Es un episodio todavía más burdo que la mano de Maradona contra Inglaterra. Y tratándose de Francia, ya no se puede descalificar simplemente como una manifestación de insolencia de un bárbaro suramericano.
Irlanda ha pedido que el partido se repita. Francia manifiesta su simpatía con la selección irlandesa, pero señala que el tema le corresponde exclusivamente a las autoridades internacionales de fútbol, y recuerda que las reglas establecen que las decisiones del árbitro son finales y definitivas.
Pero el incidente ha inspirado un frenesí especulativo. ¿Qué significa haber clasificado con trampa? ¿Qué pasaría si Francia gana el Mundial? Todos tienden a disculpar a Henry, quien ha dicho: “Fue mano, pero yo no soy el árbitro”. La actitud general parece ser que la responsabilidad del jugador es hacer lo que esté a su alcance para tratar de ganar y que, para hacer respetar las reglas, hay un responsable independiente, que es el árbitro. Señalan que la reacción de Henry es casi instintiva. En las milésimas de segundo que dura la jugada, su cerebro decide mantener la pelota en juego, aun con la mano.
Sin embargo, surge la duda de si, unos segundos más tarde, Henry debe acercarse al árbitro a explicar lo ocurrido. Y, por otro lado, la teoría según la cual el jugador debe hacer todo lo que esté a su alcance para ganar no soporta el análisis de los casos extremos. ¿Tienen licencia para lesionar a los adversarios, si lo hacen a las espaldas de los árbitros? Es claro que no. El juego limpio depende tanto del árbitro como de los jugadores.
En este debate, falta por ver cuál es el papel de la autoridad final, la FIFA. Porque si el árbitro no vio la mano en ese momento, la FIFA todavía tiene instrumentos para actuar. Hace un par de años, por ejemplo, sí ordenó que se rejugara un partido entre Uzbekistan y Bahrain, por error arbitral.
Cómo se divide la responsabilidad de proteger la integridad de una actividad entre los competidores y las autoridades es un debate que se traslada a otros campos. Puede sonar exagerado pensar que para Uribe es casi instintivo violar las reglas electorales para asegurar su reelección. Entre otras cosas, porque sus decisiones se están tomando a lo largo de meses. Pero con argumentos similares a los que esgrime Henry, ¿podría el uribismo defender su proceder? ¿Puede sostener que está actuando bajo su propia interpretación de las reglas, al calor de una competencia feroz, y que le corresponde a otros definir si hay lugar a sanciones?
No. No y sí. No, porque el argumento sufre de la misma debilidad que el de Henry, llevado a los extremos. Ni el jugador ni el Presidente pueden justificar la trampa, con el argumento de que no son el árbitro. Ninguno puede desdibujar su responsabilidad en el mantenimiento de la integridad del proceso. Pero sí, en un sentido importante. En ambos casos, existen otras autoridades competentes. El árbitro y el Consejo Nacional Electoral. La FIFA y la Corte Constitucional. Si éstas fallan, desde su posición más serena, cómo no van a fallar los jugadores. Por eso es que se dice que las gentes tienen los gobiernos que merecen.