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La «nueva» relación con EE.UU.

Los gobiernos de Estados Unidos y Colombia han anunciado el inicio de una nueva etapa de sus relaciones, donde el tema de seguridad no sea lo único determinante en la agenda.

24 de octubre de 2010 - 05:00 p. m.
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La visita de 45 funcionarios de alto nivel del gobierno norteamericano (incluido el subsecretario de Estado, James Steinberg) que comienza hoy, muestra que la intención es seria. Pero, más allá de la ampliación temática, la puesta en marcha de esta nueva fase implica asumir y superar constructivamente varios retos que desde ya deben ser identificados.

El primer reto es superar la inercia institucional. Durante muchos años, y especialmente en la última década, la verticalidad de las relaciones entre los dos países ha forjado una cultura de pedir cuentas y rendirlas sumisamente. No es fácil que de la noche a la mañana se logre cambiar esa mentalidad y la dinámica del trabajo conjunto. Además de un diálogo más horizontal se requiere encontrar nuevas perspectivas sobre los temas tradicionales, y no sólo nuevos temas en los cuales trabajar. ¿Alguien se atreverá a plantear, por ejemplo, la necesidad de revisar las políticas de lucha contra el narcotráfico?

El segundo reto tiene que ver con la capacidad de mostrar resultados, pues sólo así tendrá credibilidad el cambio de enfoque. ¿Tendremos, por ejemplo, una apuesta fuerte de Estados Unidos para el uso de energías sostenibles que provengan de Colombia y que ayuden a suplir la demanda norteamericana? Así como en el pasado se hizo una apuesta para modernizar las fuerzas armadas, se necesitarán acciones similares en energía, ciencia y tecnología y desarrollo institucional para que los anuncios superen la retórica.

El tercer reto es la sostenibilidad de las políticas. Uno de los grandes problemas de la cooperación está en conseguir que las intervenciones fructifiquen más allá del tiempo de ejecución de los proyectos. Un ejemplo claro fueron las primeras acciones de desarrollo sostenible en el Putumayo, al inicio del Plan Colombia, que no generaron desarrollo ni fueron sostenibles. La sostenibilidad implica, principalmente, que las instituciones funcionen, como bien lo sabe Arturo Valenzuela, subsecretario para América Latina.

Para generar sostenibilidad se necesita que las instituciones políticas colombianas funcionen de tal manera que no sean suplidas en sus labores por el gobierno norteamericano. Por ejemplo, el control político sobre las fuerzas Armadas tiene que hacerse en el Congreso colombiano y no en el Departamento de Estado. Mejorar la capacidad de la democracia, al mejor estilo wilsoniano, debe ser en últimas la mejor prueba del éxito de la nueva relación.

*Consultor, profesor de relaciones internacionales.

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