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Ante el Estado como privilegio, Petro en acción

18 de junio de 2023 - 09:00 p. m.

En respuesta al editorial del 11 de junio de 2023, titulado “No se equivoque, presidente, ni pretenda confundir”.

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Es notorio que en las frágiles democracias latinoamericanas existe la percepción de que el Estado es un privilegio social que se tiene de manera exclusiva y que la democracia es un elemento instrumental a la legitimidad del poder de estos grupos de interés.

Decir que el presidente se cierra a posibles escenarios de conspiración no es más que una referencia a una realidad inobjetable donde los grupos de interés, que incluyen la opinión publicada, buscan de manera ferviente la defensa de los intereses particulares que son parte de una cultura estructural de privatización del Estado, contraria a las causas comunes del Estado social de derecho.

El editorial aduce la incapacidad del presidente Petro de articular una unidad nacional; sin embargo, sabemos que las unidades políticas en este país han sido con clanes y castas políticas, por medio de los “cupos indicativos” usados por Uribe o de la “mermelada” de Santos, que generan la parcelización del poder de manera segmentada y la dinámica de leves modificaciones a un statu quo que reproduce las viejas costumbres que hoy son “cultura política” nacional.

Esas alianzas clientelares, que lograron asomarse en los primeros meses con los esfuerzos de crear una especie de frente amplio como un “tercer período” de Santos, generaron malestar en el presidente Petro y el pulso interno que hoy la prensa y los grupos de interés describen constantemente como “la radicalización del mandatario”, cuando sabemos que Petro ha tenido una agenda propia basada en el sentimiento de los sectores alternativos que son lo opuesto a lo que hoy se encuentra en el panorama político.

El cambio de agenda que le permitió al presidente llegar a la Casa de Nariño es necesario para defender su proyecto político, con el cual busca fortalecer la acción estatal que ha venido siendo debilitada ante procesos de reducción y privatización de las funciones públicas que garantizan los derechos fundamentales de los colombianos, lo cual no es radicalizar, sino arraigarla en la voluntad de sus electores y expandirla hacia la generalidad.

El golpe blando no termina siendo más que la expresión de esos sectores minoritarios que dominan el escenario político, económico y mediático de querer establecer una agenda tradicional sin margen para cambios estructurales, sino cambios de formas que al final serán el motor de la inconformidad social.

El Estado es de todos y por eso el presidente lo ha dejado claro. Quienes buscan afanadamente decir que Petro se autoflagela desconocen el poder efectivo de los sectores de interés en nuestro país y en la región de manera constante, tanto es así que siempre confunden a la ciudadanía que sigue presa de los temores infundados y la incertidumbre frente al cambio, cuando sabemos para dónde va el país con las reformas y el Plan Nacional de Desarrollo.

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