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Cambiemos la pregunta

04 de marzo de 2019 - 12:00 a. m.

Por José Bolívar

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En el editorial “La violenta dictadura venezolana” El Espectador nos plantea, además de otras reflexiones, un complejo y necesario planteamiento: “La pregunta obligada es si ya se agotaron todas las instancias diplomáticas que permitan una salida incruenta a la crisis por la que atraviesa el país vecino. Pero incluso si estuvieren agotadas, la opción de una intervención no parece el camino legítimo para resolver la compleja situación…”.

A estas alturas la pregunta es inevitable, sí. Sin embargo, dados los hechos que se vienen presentando, la cuestión que deberíamos formularnos es otra. ¿Por qué no se tomaron las medidas preventivas necesarias antes de exacerbar el conflicto que ya se vivía en las fronteras? Pero lo más grave… ¿por qué el Grupo de Lima, en la reunión donde se acordaron los 18 puntos para reaccionar frente al tema, sigue sin tener en cuenta principios básicos en una adecuada acción humanitaria? 

Desde 1994, en el conflicto de Ruanda, múltiples agencias internacionales decidieron hacer un alto en el camino para identificar cómo sus acciones podían multiplicar el daño en lugar de atenuarlo. El proyecto Do No Harm (en español, “No hacer daño”) fue liderado por más de 50 organismos internacionales de ayuda humanitaria, para identificar sus errores y encontrar respuestas al cuestionamiento: “¿cómo prestar ayuda en escenarios de conflictos de manera que no se contribuya a profundizar la violencia?”.

El proyecto se realizó con base en los graves desaciertos que se cometieron en Ruanda y en 14 países de Asia y África, dando como resultado una guía llamada “Aprendizaje práctico para la acción internacional”. Francisco Rey, autoridad en el tema y quien además forma parte del Instituto sobre Conflictos y Acción Humanitaria de España, ha reiterado en múltiples escenarios el corazón de la idea: “En muchas ocasiones la ayuda humanitaria fue parte del problema y no de la solución… el camino del infierno está plagado de buenas intenciones”.

El 22 de febrero presenciamos una especie de euforia colectiva con el concierto Venezuela Aid Live. De igual forma, con el supuesto impacto positivo que tendrían las ayudas humanitarias donadas a parte del pueblo venezolano. Sin embargo, y como lo hemos evidenciado en los últimos días, dichas acciones solo han llevado a que la crisis se potencie y a que la violencia haya generado muertes, heridos y pérdidas materiales. 

En este escenario y dada la incertidumbre, la tensión y la violencia, la pregunta debe orientarse a cómo el Grupo de Lima puede seguir actuando sin potenciar el conflicto. Seguir hablando de esa “presión sobre el gobierno Maduro” es parte del llamado cerco diplomático, sí. El gobierno de Maduro sigue reaccionando de forma irracional, es evidente; pero es indispensable que se replantee la estrategia de la “ayuda humanitaria”. Más allá de lo diplomático, de la presión, de lo político, empezamos a enfrentar una crisis de la cual nadie tiene certeza de sus alcances y consecuencias.

Después de los errores que se cometieron en otros contextos con la bandera de la ayuda humanitaria, después de lo que hemos visto en estos días en las fronteras venezolanas, ya es hora de hacernos otras preguntas antes de que este conflicto siga escalando. Las respuestas están en las agencias humanitarias y en la experiencia que ellas han recogido y sistematizado a nivel mundial, y debemos presionar al Grupo de Lima para que reaccione y cambie su enfoque. Si lo que realmente se propone esta alianza es ayudar al pueblo venezolano, la acción tiene que ser realmente humanitaria. De lo contrario, lo único que se logrará es potenciar la violencia.

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