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Casi nadie quiere comprender lo que nos muestra HRW

14 de febrero de 2021 - 10:00 p. m.

En respuesta al editorial del 11 de febrero de 2021, titulado “Deberíamos comprender lo que nos muestra HRW”.

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Antes que nada, quiero felicitar a El Espectador por brindar este espacio de discernimiento de los editoriales que presentan. Es la primera vez que veo esto en un medio tradicional y me parece una gran forma de feedback con los lectores, que además permite conocer la opinión que suscitan sus escritos, algo tan poco habitual en este país, donde los gurúes periodísticos creen decir “verdades irrefutables” que tan solo debemos asimilar y acatar. Y más que estar en desacuerdo con el editorial, me parece un excelente trabajo que muestra con certeros datos la importancia de lo que manifiesta Human Rights Watch (HRW), pero no responde por qué no comprendemos lo que nos presenta este organismo. Es a partir de allí que inicio mi humilde intervención.

Considero que hay varios factores por los que no se comprende la importancia de lo que nos muestra HRW. En primera instancia, la polarización que vive el país ha llevado a las personas partidarias del Gobierno nacional o que no están de acuerdo con la implementación del Acuerdo de Paz a buscar justificar el asesinato de líderes sociales.

Si reflexionamos acerca de cuál sería el vehículo que nos permitiría cambiar esa polarización absurda que estamos viviendo, obviamente la opción más factible son los medios de comunicación, pero al analizar individualmente los que hay en el país vemos que esta tarea se va haciendo imposible. Medios privados que presentan noticieros totalmente parcializados y con intereses yuxtapuestos a la verdad y que, para completar el “coctel” desinformativo, suman a sus parrillas de programación horas y horas de telenovelas y “éxitos del pasado” (muchos de ellos haciendo apologías precisamente a quienes asesinan a los líderes sociales en vez de a ellos, que son los verdaderos héroes), sin dar espacio a programas donde los televidentes sean instruidos acerca de temas como el que plantea HRW. Y los medios públicos no son más que publicidad política no pagada del Gobierno nacional.

Aunque la gran mayoría de los periodistas y comunicadores sociales de estos medios manifiestan sus opiniones estando de acuerdo con ellas, cuando alguno se sale del libreto de inmediato es castigado por su “traición”. El último actor culpable de esta situación, pero no por esto menos importante, es el mismo Estado, que recibe las cifras de asesinato a líderes sociales con una indolencia vergonzante; pareciera que existiera una incapacidad cómplice del Gobierno nacional.

En Bogotá, a los pocos minutos de iniciar una protesta (que no sirva a los intereses gubernamentales) se puede vislumbrar todo el pie de fuerza con el que cuenta el Estado y su doctrina militarista, incluso actuando en contra de la población civil, pero no ocurre lo mismo en estas zonas de la Colombia profunda. ¿Será que no pueden o no quieren? Yo creo que no quieren, porque sí pueden ir para fumigar con glifosato en estas mismas zonas, con todas las consecuencias funestas que esto conlleva.

La doble moral de este Gobierno es mortificante: mientras sus propios ciudadanos mueren víctimas del incumplimiento de los acuerdos pactados o de las armas de los grupos al margen de la ley (cuando no se mueren por no suplir sus más mínimas necesidades básicas), el señor Duque se vanagloria ofreciendo prebendas a los ciudadanos venezolanos que se encuentran de manera irregular en el país.

Después de este escueto análisis solo queda decir que aunque deberíamos comprender lo que dice HRW, casi nadie quiere hacerlo, ya sea por sus convicciones enraizadas, sus intereses particulares o su premeditada incompetencia. Y los que quizá sí estamos interesados en comprenderlo deberíamos tener cuidado de enojar a algunos poderosos, así como lo hacen la mayoría de los líderes sociales.

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