En respuesta al editorial del 12 de agosto de 2021, titulado “¿Cómo honramos a un policía que cumplió su labor?”.
Estoy en desacuerdo con el editorial del día 12 de agosto de El Espectador, específicamente con remitirse a los $20 millones que ofrece la Secretaría de Seguridad como recompensa para dar con el paradero de uno de los sospechosos del crimen. El editorial debería cuestionar ciertas cosas, entre ellas, que todo se haga por dinero.
¿Por qué pretendían robarse la motocicleta? Por dinero, entonces, resulta paradójico que se respalde una acción con el mismo combustible que motiva el delito.
Particularmente, esperaría de este editorial que pensara en las causas de la inseguridad. Supongo que ninguna persona se levanta una mañana con el sueño de ser un ladrón o un asesino. Lo más probable es que lo haga porque no ha tenido las estructuras para desarrollar sus capacidades.
No quisiera que se interpretara este antieditorial como una justificación del delito; solo se trata de reconocer el problema de fondo. Las autoridades deben reconocer que Bogotá es una ciudad que, debido a su estructura, no saca la mejor parte de sus ciudadanos, en especial de los más empobrecidos. Es precisamente en la pobreza en donde no hay probabilidades de encontrar alternativas distintas a la vida delictiva.
Tampoco pretendo decir que ser pobre es sinónimo de delincuente, solo que es en estas condiciones de precariedad en donde surgen este tipo de comportamientos delictivos. Con hambre, difícilmente la gente puede pensar en hacer el bien.
En la alta Edad Media, muchos de los pueblos que se desarticularon con el decaimiento del Imperio romano fueron invadidos por pueblos bárbaros. En esas invasiones no solo se despojó a los pobladores de sus pertenencias, sino que había todo tipo de ultrajes, tanto así que los sobrevivientes se convierten en desplazados. Tal situación les hizo vivir un hambre tremenda, por esa razón, algunos practicaban el canibalismo y también estaban pendientes de desenterrar los cadáveres para poder comersélos. Si los niños transitaban por el bosque era usual que un “lobo” se los comiera.
Hacia el año 1000, esas invasiones cesaron y las personas se asentaron y vivieron cierta paz. Tal situación les permitió sembrar. Lograron alimentarse y se les despertó la creatividad, la cual les permitió mejorar el astrolabio, inventar la brújula, mejorar el timón, y reconfigurar el arnés y el arado, entre otras.
Ahora bien, con hambre, la gente difícilmente piensa en el otro. Con hambre se practica el canibalismo, que fue lo que sucedió con el policía muerto por estas personas.
Finalmente, lo que han de hacer los gobiernos local y nacional es buscar que se haga un pacto social en donde se construyan las estructuras que posibiliten que todos los habitantes de la capital puedan acceder a educación, salud, paz y vivienda. Sin que estas condiciones se den, siempre habrá delincuencia y así otorguen recompensas todo el tiempo para dar con el paradero de los asesinos y de los ladrones, jamás se logrará atacar el problema de raíz.