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Cuestión de rentabilidad

13 de septiembre de 2015 - 10:41 p. m.

El problema entre productores azucareros e industria de confitería demuestra las verdaderas causas de desigualdad en Colombia.

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Ambos esgrimen, como razón para favorecer su posición, el impacto en un segmento de la sociedad: los trabajadores “defendidos” por los azucareros, porque se afectaría a una población de 2’000.000 de habitantes que dependen económicamente del azúcar, y por otro lado, la industria “defiende” a los consumidores por los precios de sus productos derivados del azúcar, debido a los altos costos de producción por el precio del azúcar.

En ambos casos es una distracción. Realmente, cada uno defiende la rentabilidad de su negocio: los productores no quieren dejar de ganar y los industriales quieren ganar más. Como efecto colateral, esta discusión afecta a trabajadores y consumidores.

Últimamente se han presentado casos de empresas que han salido del país. Esto lo están usando como argumento los industriales en la discusión. Algunos industriales afirman que el precio alto del azúcar nacional es la causa de la salida de Cadbury Adams, pero, para mí, más parece una amenaza para conseguir lo que quieren. Los ingenios, desde su “razón”, dicen que si se baja el arancel se pierde empleo y se afecta a muchos colombianos.

Si los empresarios en general, y, en este caso, los azucareros e industriales, pensaran realmente en el resto de los colombianos, serían capaces de llegar a un acuerdo razonable para todos, aun cuando ese acuerdo signifique menor rentabilidad para ellos. Hace poco, el presidente de la Andi solicitó ayuda para recuperar la industria nacional, pero, de nuevo, esto significa para ellos rentabilidad. De nuevo la disculpa (o amenaza): si no se hace algo, pueden irse más empresas del país. Que las multinacionales lo hagan, lo entiendo, pero de las nacionales esperaría que pensaran en el país y ayudaran a construir una sociedad más igualitaria.

Sin embargo, ante la primera dificultad, su opción es irse. Un empresario no se empobrece: puede perder en un negocio, quebrar una empresa, pero tiene la capacidad de empezar de nuevo, reinventarse. Trabajé para Lloreda Grasas hace muchos años y, aunque era una gran empresa, con el tiempo su dueño perdió el control de la misma y hoy ni siquiera es parte de sus inversionistas. Creería que hoy está en otros negocios de manera exitosa. Dudo que sea pobre. Una sociedad igualitaria no se impone con un modelo socialista por un gobierno pasajero, o como política de Estado permanente, porque no todos estarán de acuerdo. Creo que la igualdad la hace la sociedad cuando piensa en el otro y sus necesidades y está dispuesta a ceder un poco en favor de los demás. Ojalá nuestros empresarios piensen más en quienes no tienen sus recursos y capacidades empresariales y para quienes, en cambio, un empleo puede ser cuestión de sobrevivencia.

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