En respuesta al editorial del 21 de abril de 2023, titulado “Las mentiras sí tienen consecuencias”.
Es cierto que la cadena estadounidense de noticias Fox News fue forzada a ofrecer una cuantiosa compensación económica por replicar las mentiras electorales de Donald Trump el 6 de enero de 2021, pero su intención no fue otra que la de evitar un juicio. Es decir que las consecuencias de las mentiras de Fox News fueron eminentemente económicas, pues se limitaron al pago de una suma de dinero.
Apuntala el editorial que con el acuerdo se sienta un importante precedente para la defensa de la verdad. Permítaseme discrepar, pues ni las mentiras tuvieron las consecuencias deseadas ni la verdad fue defendida; por el contrario, la primera sacrificada fue la verdad que yacerá sepulta bajo un alud de billetes verdes.
Las consecuencias que tuvieron las mentiras de Fox News son exiguas y nunca sabremos: ¿Cómo se orquestaron las mentiras? ¿Cómo se promocionaron? ¿Quiénes las permitieron y promocionaron? Para nosotros, la audiencia anónima que soportó la mentira, la incertidumbre y la desinformación, antes que un arreglo, por millonario que este parezca, hubiese sido preferible haber obtenido las respuestas a los interrogantes planteados, hubiésemos preferido que los altos directivos y presentadores nos contaran en juicio lo que hicieron tras bastidores. Es cierto que se sienta un precedente que ataca las finanzas de la empresa comunicadora (la suma es cuantiosa); sin embargo, para un multimillonario este es un mal menor.
Ahora bien, la afirmación de que las mentiras sí tienen consecuencias puede ser válida en otras latitudes, pero aquí en este trópico macondiano la hipótesis se invierte y las falsedades no tienen consecuencias. La emisión de mentiras y la difamación no son raras en medios noticiosos, tanto tradicionales, como virtuales, pero lo más grave es que la mentira no tiene consecuencias. Por el bien del periodismo y por el derecho a obtener una información veraz, estamos en mora de que las mentiras sí tengas consecuencias aquí también.
Valga la oportunidad para agradecer a El Espectador, que no se ha dejado tentar por aquellas deplorables prácticas. Más aún, cuando un error inadvertido se desliza por sus páginas su director en persona, mediante un video, pone la cara a su audiencia para corregirlo. Este mea culpa periódico es el gesto que más aprecio del diario, debería ser replicado por toda la prensa que tenga como propósito fundamental la información de la verdad.