En respuesta al editorial del 16 de enero de 2021, titulado “El Nuevo Liberalismo debe renacer”.
El pasado 11 de julio, el exsenador y precandidato presidencial Juan Manuel Galán escribió en el diario El Tiempo la columna de opinión “El agotamiento de un modelo fracasado”, en la cual hizo referencia a una columna de Germán Vargas Lleras sobre la problemática de la droga en Colombia. La opinión de Galán es clara sobre la forma de abordar este problema: “Vargas Lleras comete el error de equiparar de manera simplista la estrategia contra las drogas con la lucha contra el crimen organizado”. Esa guerra que comenzó el presidente estadounidense Richard Nixon en la década de 1970, como afirma Galán, es un modelo fracasado.
El agotamiento del liderazgo de los Estados Unidos en este sentido es evidente. Nunca en estas cinco décadas estuvo cerca de ganar esa guerra contra las drogas y hoy podemos afirmar, como lo han hecho tantos académicos, algunos expresidentes, líderes de opinión, etc., que la guerra se perdió.
Por esta razón, volviendo al precandidato Juan Manuel Galán, debo comentar que he leído con atención y cierta sorpresa la idea de recuperar la personería jurídica del partido político Nuevo Liberalismo.
Quizá la discusión que genera mi sorpresa sea solamente semántica, pero, tratándose del título de una organización que representa a un conjunto de ciudadanos en el ámbito de lo público, no creo que sea de menor importancia.
La forma abreviada de denominar las “nuevas” ideas liberales en los campos de la economía y la política que surgieron en las décadas de 1970 y 1980 es “neoliberalismo”. Este término surgió a partir de las ideas, entre otros autores, del austriaco Friedrich von Hayek y del estadounidense Milton Friedman en la Universidad de Chicago, que en la práctica fueron implementadas y promovidas en el mundo por los gobiernos de Reino Unido y Estados Unidos, liderados por Margaret Thatcher y Ronald Reagan, respectivamente.
En la escuela de economía de la Universidad de Chicago estudiaron precisamente en la década de 1970 un grupo de economistas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, que serían conocidos como los Chicago Boys. A su regreso a Chile estos economistas fueron fundamentales en el modelo económico implementado durante la dictadura de Augusto Pinochet (1973-1990) y sus ideas puestas en práctica con la promulgación de la Constitución política de 1980, la misma que ahora en el 2021 está en proceso de sustitución.
En esa misma época, pero en Colombia, Luis Carlos Galán y otros líderes fundaron una disidencia del Partido Liberal en 1979 que se denominó el Nuevo Liberalismo. ¿Coincidencia? Ninguna. Tiene sentido que, en medio del contexto social, político, económico y hasta contracultural de la época, en América Latina y en el país hubieran elegido formar un nuevo Partido Liberal dado el desprestigio del mismo a partir de las relaciones de algunos de sus miembros con el narcotráfico, entre otros motivos que condujeron a fundar un Nuevo Liberalismo, como lo llamaron.
Sobre el Nuevo Liberalismo dejamos de escuchar a finales de la década de 1980, pero del neoliberalismo venimos hablando hasta nuestros días. En resumen, el neoliberalismo llegó en su momento a proponer el final de los Estados benefactores en los países industrializados del norte y de los Estados burocráticos y autoritarios del sur del continente. En este sentido, promovió la ampliación del campo de actuación del mercado, el cual pasó a desempeñar muchas de las funciones que hasta entonces desarrollaba el aparato estatal. Por ejemplo, desde entonces hemos asistido a la privatización de empresas estatales y, además, a la administración del cada vez más pequeño aparato del Estado como si fuera una empresa propia del ámbito económico, y no una institución pública perteneciente a lo político.
Esto fue lo que, a través de una conocida frase, la Asamblea Constituyente de 1991 resolvió así: “Tanto mercado como sea posible y tanto Estado como sea necesario”.
Pues bien, en América Latina en 2019, especialmente en Chile y también en Colombia, se vivió un proceso de movilización social que expresa el descontento con esas ideas neoliberales tanto en lo económico como en lo político. Recordamos el lema del paro nacional del 21 de noviembre de ese año en Colombia: “Contra el paquetazo neoliberal de Duque”, consigna sobre la cual se retomó la movilización social desde el 28 de abril de este año.
Pero la sociedad chilena fue más allá, tenía que hacerlo, y logró un acuerdo social para cambiar esa Constitución, heredada de la dictadura, que siguiendo esas ideas neoliberales había convertido, por ejemplo, el agua en propiedad privada (sí, el agua). En otras palabras, el mejor alumno de las ya no tan “nuevas” ideas liberales promovidas en la década de 1980 en América Latina, Chile, ha decidido como sociedad cambiar un modelo que se terminó de agotar en su fracaso evidente.
Es por esto que, para ir terminando, me pregunto por qué Juan Manuel Galán, su hermano Carlos Fernando y su familia pretenden revivir un partido que si bien puede representar muchas ideas diferentes a las expuestas hasta aquí (Galán es precandidato en una coalición de centroizquierda), el Nuevo Liberalismo para las nuevas generaciones representa lo que indica su nombre: el neoliberalismo de la derecha.
Será muy difícil vender una idea diferente a muchos jóvenes y jóvenes adultos que, sin conocer la historia y el detalle de las ideas, pueden ubicar a este movimiento en donde su nombre lo indica (la derecha) y no donde pretende ideológicamente estar (el centro o la centroizquierda).
Es por eso que me dejó pensando el título de la opinión de Galán: “El agotamiento de un modelo fracasado”, pero con relación al neoliberalismo o, mejor dicho, al Nuevo Liberalismo.