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El nobel colombiano vs. el gran colombiano

09 de octubre de 2016 - 09:00 p. m.

Difiero de su editorial «Un Nobel merecido y en buena hora”, pues esa distinción no es merecida.

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Por Germán Vargas G.

De hecho, es un auxilio político de la comunidad internacional y un logro de nuestra presidenciable canciller, porque el presidente Santos vendió ante la ONU que el acuerdo con las Farc representaba “el fin de la guerra en Colombia”: una falacia que desconoce actores como el Eln, la violencia dialéctica en el Congreso y la beligerancia de nuestra sociedad.

No apelemos a engaños. El pasado domingo los sorprendidos analistas debatían si el presidente asumía el costo político de la derrota del establecimiento renunciando o convocando una asamblea constituyente.

Es innegable que la campaña del No ganó en inferioridad de condiciones, contrastada la mayoría parlamentaria y la mermelada del Gobierno, pero tampoco estuvo a la altura de la situación, y ganó apelando a estratagemas, según reveló Vélez Uribe, gerente de campaña del Centro Democrático, partido de Uribe Vélez.

En este sentido, el plebiscito se convirtió en una batalla electoral, y el designado nobel de paz, líder de la campaña del Sí, no hizo nada por pacificarla. De hecho, abusó del terrorismo mediático (“Si el plebiscito no se aprueba volvemos a la guerra”) y la agresividad de sus militantes (Claudia López, p.ej.).

Éste sólo fue otro episodio de una misma historia polarizada por el caudillismo. De hecho, conmemora los 200 años del cierre de la Patria Boba, período al que siguió la Gran Colombia, donde se propuso extender la vigencia presidencial a ocho años (con aspiraciones vitalicias), se solicitaron poderes extraordinarios a un “Congreso Admirable” y hubo acusación de traición a quien fue encargada la Presidencia.

Las similitudes y confusiones entre épocas o personajes no son coincidencia. De hecho, los expresidentes se rehúsan a liberar al país, y las cortinas de humo, como la entrega del Nobel de Paz, desvían nuestra atención o distorsionan nuestra comprensión, ignorando que los verdaderos problemas del país trascienden a las Farc.

De hecho, esa insurgencia emergió por la concentración de poder bipartidista tras el Pacto Nacional; ahora, tras la inesperada derrota del plebiscito, parece configurarse un “pacto nacional” para “legitimar” el acuerdo, desconociendo a la mayoría abstencionista (y no representada por las partes).

Este capítulo se denomina el nobel colombiano versus el gran colombiano: el primero, galardonado por la comunidad internacional, registra nefastos índices de aceptación local; el segundo fue proclamado por El Espectador y History Channel (aunque la encuesta la realizó Ipsos, esas ciberelecciones sólo convocaron un millón de votos, y sólo obtuvo mayoría relativa).

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El gran colombiano no ha demostrado la grandeza del reconocimiento que ostenta. Ojalá modere y contribuya con mano firme (escrutando), corazón grande (reconciliando) y mente abierta (transigiendo, pues los dogmas del pasado impiden evolucionar): otra actitud sería ra-paz con las futuras generaciones.

Amanecerá y veremos si el nobel colombiano honra dicho galardón, siendo ca-paz de finalizar el conflicto con las Farc y, además, el Eln. 

* Catedrático U. Javeriana. vargas-german@javeriana.edu.co.

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