Por María Elena Bonilla Páez*
Antes de pensar ambiciosamente, pretendiendo tener una ciudad de vanguardia, creo que el debate debería girar alrededor de la falta de autoridad del alcalde Peñalosa y de la poca o nula implementación de verdaderas políticas de desarrollo.
Sólo hace falta recorrer la única vía que desde Bogotá conduce al municipio de La Calera para concluir que Bogotá no tiene alcalde. Iniciando el recorrido, desde hace varios meses, existen muchos árboles caídos, amenazando ruina, tenidos por apenas un par de cuerdas. Al menor aguacero, los árboles se terminan de deslizar bloqueando por completo la vía.
Luego, a la altura del mirador conocido como La Paloma, los vendedores ambulantes invadieron la vía, haciendo que el tráfico nocturno sea lento al verse la vía reducida a un único carril. Eso sí, existen un par de policías localizados en la zona, ante quienes ocurren todos los desmadres. Un kilómetro más arriba se encuentra el lugar de reunión de motociclistas que, ante la falta de autoridad en la vía, hacen de las suyas, se toman lo poco que queda de ella. Y ni hablar de los verdaderos depósitos en los que han convertido los costados de la vía los vendedores de piedra, hablando ahora de derechos adquiridos sobre predios que claramente son espacio público. Y como si fuera poco las chivas, las cabalgatas, las caravanas de motociclistas, los ciclistas nocturnos y los acróbatas callejeros, que hacen que transitar en la vía sea un verdadero acto suicida.
Y si en la noche reina el caos, en el día la situación no mejora.
Alentados por el propio alcalde, los ciclistas de paseo, los que se recrean o los que dicen entrenar, por pura afición, se toman la única vía de acceso, convirtiéndola en ciclovía.
Ante semejante panorama, antes que buscar verdaderas vías alternas que descongestionen la única entrada a Bogotá (El Codito, Calle 153, Calle 100 y otras tantas que merecen estudios serios de factibilidad con los correspondientes estudios de impacto ambiental) y que son obras que a mediano plazo tienen que hacer Bogotá, La Calera y la región en general, el alcalde tiene que poner orden en la vía.
Claro que quiero una Bogotá ambiciosa y de vanguardia, con planes a largo plazo. Donde haya buenas vías de acceso, ciclorrutas apropiadas para quienes hacen deporte, andenes para quienes tienen la necesidad de caminar, por cualquier causa, a lo largo de la vía, bermas. También quiero vías de doble calzada que comuniquen la ciudad con la región aledaña y no como la actual Perimetral del Oriente, aún en construcción y que sin siquiera haberse concluido ya se quedó subdimensionada. Claro que soy ambiciosa, me sueño con llegar a Patios y encontrar un verdadero complejo de transporte público, para estacionar mi carro y llegar a mi trabajo en el medio adecuado. Pero en el entretanto, quisiera un alcalde que antes que ser ambicioso, cumpla y haga cumplir la ley. Tal vez este sea el punto de partida para tener una ciudad de vanguardia.
*Abogada. mbonillapaez@gmail.com