En respuesta al editorial del 27 de abril de 2023, titulado “La democracia, aunque incomode, no es un estorbo”.
A propósito de su editorial que alerta sobre el discurso del presidente Petro, creo que debemos aprender o, mejor, asimilar que estamos en un gobierno de izquierda de un líder exguerrillero que se desmovilizó hace más de 30 años y llegó a la primera magistratura tras recorrer, con todas las dificultades de una democracia —restringida por el conflicto armado—, el camino que lo llevó a la Presidencia de la República. Sin duda ese hecho es un hito histórico. El péndulo derecha-izquierda transcurre hasta el otro extremo. Esperar que no haya ese tono revanchista es difícil en un país que aún conserva intacta la cultura hacendataria y gamonal en sus regiones, que se expresa en la diversidad existente en el Congreso de la República. Ojalá al presidente no se le vaya la mano en su discurso y no nos deje un país polarizado como sus predecesores.
Para mí es ideal que ese péndulo se mantenga en el centro con movimientos oscilantes leves. No como en Estados Unidos, donde parece que la polarización acrecentará la crisis de la democracia. Si la humanidad es consciente de que el camino de la unanimidad y del monopolio, de la concentración y el acaparamiento, es un camino equivocado, por la desigualdad, la pobreza, la destrucción ambiental y ecológica que deja a su paso, debemos regresar a la idea de los límites que la democracia debe poner a las pretensiones de ejercicio de posiciones dominantes. Esto aplica al mundo multipolar. Volver a cultivar nuestro maíz con todas sus variedades es optar por recuperar la pluralidad que Dios nos regaló con toda su diversidad. La economía de escala y el pensamiento eficientista basado en conseguir el menor precio es la mediocridad que nos conduce a la certeza de nuestra impotencia para vivir en un mundo plagado de diferencias. Las identidades LGBTIQ, como ejemplo social que ilustra la diferencia, no son una tragedia, una anomalía ni mucho menos un pecado. Debemos entender que la diferencia es riqueza, un valor que no se traduce solamente en números económicos. La diferencia es riqueza ambiental, cultural, social y espiritual.
Sí, es difícil gobernar ese “fenómeno” integral, pero debemos aprender y asimilar la vida con los diversos matices que nos ofrece, sin invalidarlos, descalificarlos, eliminarlos ni desaparecerlos. Ojalá Gustavo Petro sea consciente del punto de quiebre en que se encuentra en la historia y tome distancia del rumbo “lógico” que lo tienta hacia la revancha y la reclamación del pasado. El presidente encarna la unidad de la nación y esa unidad se expresa en un péndulo en equilibrio que resiste a fuerzas e intereses que naturalmente quieren apropiarse en su propio beneficio, una conducta inherente a la condición humana y contraria a la idea del interés general cuyo pacto social debemos suscribir todos los días, cada vez que ese péndulo extravía su trayectoria del centro, y conservar para nuestra convivencia pacífica.