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¡Juepucha, juepucha! ¡La lucha sin capucha!

19 de noviembre de 2018 - 12:00 a. m.

Por Mario Froilán Reyes Becerra

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Los boyacenses nos acostumbramos a las manifestaciones universitarias desde los 60, cuando los alumnos de la UPTC de Tunja alardeaban aires de libertad y justicia y, a piedra, rompían puertas de madera, ventanales y escritorios de las oficinas públicas y privadas que bordeaban la vía de la marcha, incluidas las del peaje que cobraba la salida hacia Motavita, y pintaban grafitis con brocha gorda. Lideraban esas protestas los costeños, cuyo combo era superior por su comportamiento alegre, espontáneo y bullicioso.

Toda esa pedagogía rebelde y necesaria parecería inocua, pero ha tenido los desarrollos propios de la evolución social y política de nuestras utopías. Tarde comprendí que esos muchachos no eran los causantes de esos actos vandálicos y terroristas. Eran los infiltrados que, auspiciados por fuerzas estatales, hacían lo que les daba la gana, provocando la consecuencia inminente del desprestigio de los rebeldes con causa y minimizando la fuerza de las justas peticiones originadas por esos movimientos.

El manejo de esas protestas no es difícil, como lo menciona, equivocadamente, su editorial: “¿Cómo aislar a los violentos en las protestas?”. Recuerden el pasado inmediato cuando la Alcaldía de Bogotá autorizaba esas marchas y no ocurrían desmanes de las proporciones de ahora. Hasta la guardia indígena hacía parte de los vigilantes, junto con un grupo de funcionarios de la Alcaldía que usaban chalecos que así los identificaban.

Analizar la reacción del Estado y evaluar qué tanto ayuda a fomentar más violencia, como ustedes lo sugieren, es válido, pero no nos adentremos tanto: analicemos la incidencia de los actos vandálicos como los difundidos en varios videos por las redes sociales donde, supuestamente, quienes originan el caos y el terrorismo son agentes del Estado. Y no nos escandalicemos por estos decires; antecedentes hay y comprobados por la justicia ordinaria: paramilitarismo; chuzadas del DAS; la denuncia del senador Petro sobre el pago que el Gobierno hizo a los vándalos en las pasadas manifestaciones estudiantiles; el Esmad disparándole a Luis Orlando Saiz, quien no estaba participando en las protestas del paro camionero de 2016: “Él no manipulaba ningún artefacto, como informaron inicialmente, él venía de trabajar en una fábrica de carrocerías y de casualidad pasaba por allí”; ese día y a esa hora pasaron cientos de personas ajenas a las protestas por ese mismo sitio en Duitama. Y no les sucedió absolutamente nada.

Si todos nos desenmascaramos dialogando y mirándonos a los ojos, no tenemos que recurrir a normas espurias ni a reglamentaciones foráneas. Demos la cara y hablemos. “La palabra como vínculo de la humanidad contra toda violencia”, enseña la Fundación César Egido Serrano, de España.

Marchemos, pidamos, protestemos, dialoguemos… pacíficamente. ¡Juepucha, juepucha! ¡La lucha sin capucha!

P.D. Gracias a René Jiménez por facilitar la palabra.

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