En respuesta al editorial del 23 de junio de 2021, titulado “Catástrofe nacional”.
Pocas veces en nuestra historia habíamos enfrentado una situación tan crítica como país. Los pronunciamientos del gremio médico no han faltado, pero en mala hora nos tocó a los médicos colombianos lidiar con una pandemia en vísperas de elecciones y, tristemente, muchos hoy hacen campaña desde las tumbas de 100.000 colombianos. La pandemia fue absolutamente politizada mientras la misión médica sigue dando hasta lo que no tiene.
La reapertura, por su parte, vino en nuestro punto más alto no solo de muertes, también de desempleo y hambre. Según cifras oficiales del DANE para el mes de abril de 2021, la tasa de desempleo fue 15,1 %. ¿La verdad? Necesitamos ambas: salud y economía. Los países que se inclinen exageradamente por alguna de las dos, descuidando la otra, invariablemente perderán ambas y ese es un lujo que no estamos en condición de darnos.
Respecto al propósito de las cuarentenas, es darles tiempo a los sistemas sanitarios de expandir su capacidad para recibir el inevitable número de pacientes que en ausencia de vacunación será cada vez mayor, además la llegada de las nuevas cepas a Colombia es inevitable. Tiene razón el editorial: el Estado ha sido incapaz de crear contenciones efectivas, pero es muy difícil hacerlo cuando se manosean los derechos constitucionales para violar los principios lógicos de autocuidado que evitan que situaciones como estas se salgan de las manos. Cada actor de la sociedad tiene que asumir su responsabilidad: la falla de los entes territoriales con el seguimiento epidemiológico, la falta de expansión hospitalaria en la escala que se necesitaba, un plan de vacunación paquidérmico, pero sin desconocer que convocar a marchar a millones en pleno pico de contagios fue un acto irresponsable, pues no se escuchó el clamor de los médicos que pidieron que no se llevaran a cabo las protestas. Lo lógico sería que quienes tuvieron la osadía de fomentarlas tuvieran así mismo la gallardía de reconocer su error y no lavarse las manos como Pilatos ahora, cuando la realidad de la que se les previno les estalló en la cara y afecta sus intereses electorales.
A este panorama dantesco se suma la abrumadora cantidad de información falsa que circula en redes, que puede evitar que personas reciban atención médica oportuna y crea el ambiente propicio para eventos lamentables como el de Medellín, donde 3.000 personas rechazaron vacunarse. Las vacunas tienen toda la evidencia científica necesaria para garantizar su seguridad y efectividad a la luz del conocimiento actual y no aplicarlas hace aún más lejana la inmunidad de rebaño. No podré hacer suficiente énfasis en que las noticias falsas terminarán matando personas. Esa es la verdad.
Ahora nuestra lucha no es solo desde los hospitales; el enemigo no es solo el virus y la normalización de un número trágico de fallecidos, sino la desinformación. Así las cosas, los periodistas, las redes sociales y los medios de comunicación serán fundamentales en la difusión de la verdad, porque en este momento tan difícil solo la universalización de la información veraz podrá ayudarnos a que no sigamos contando muertos.
*Médica especialista en medicina interna.