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Los bloqueos no son secuestros

06 de junio de 2021 - 10:00 p. m.

Por Nicolás Martínez Bejarano

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En respuesta al editorial del 30 de mayo de 2021, titulado “No permitamos que la violencia secuestre la protesta”.

El reciente editorial de El Espectador del 30 de mayo parte de una intención legítima de calmar los ánimos en el país. Sin embargo, creo que hay tres ideas centrales en el editorial que, a mi modo de ver, no ayudan a salir de la situación, pues tienden a encubrir lo que realmente sucede. Estas tres ideas centrales las resumo así: 1) Los bloqueos pueden ser relacionados con el crimen del secuestro. 2) Toda violencia es igualmente condenable. 3) Este paro sumió a Colombia en un “ciclo de violencia”.

Primero. No es una coincidencia que desde el uribismo hayamos escuchado la expresión “los bloqueos secuestran”, pues este sector político conoce bastante bien el peso emocional que tiene esta expresión. La palabra “secuestro” remueve en la memoria las imágenes de las personas secuestradas por las Farc: personas tras alambres de púas, vigiladas por hombres armados sin misericordia. Claramente los bloqueos no son lo mismo que el secuestro, ellos son todo lo contrario.

El bloqueo no busca secuestrar, sino protestar contra una realidad agobiante, que deja a muchas personas en Colombia sin comida, sin educación, sin salud ni trabajo. El bloqueo a carreteras es una forma legal y legítima de protestar, y es llevado a cabo por comunidades organizadas y desarmadas. Usar la misma palabra para referirse al crimen del secuestro y al bloqueo legítimo sólo sirve para dar una justificación al tratamiento militar contra la protesta.

Segundo. Es muy problemático dejar en ambivalencia de dónde viene la violencia. Lo que hemos visto en Colombia en estos días es una masacre contra manifestantes. Ha habido respuesta desde la movilización, pero los tiros y las piedras no son homologables. Claro, que paren los bloqueos, pero que primero paren los tiros. ¿Cómo podemos construir una democracia si primero pedimos que se acaben los bloqueos, antes que exigir al Gobierno que deje de disparar y que cumpla con sus obligaciones básicas?

Desde la sociedad civil tenemos gran responsabilidad en calmar la situación actual, pero calmar no significa mantener a la gente con hambre y en silencio. Hemos de calmar la situación erradicando el hambre, la falta de educación, el pésimo sistema de salud, los crímenes de Estado… entre muchas otras cosas que ya están en los pliegos de petición, ignorados por el Gobierno. Si el Gobierno cumpliese con todo esto, los bloqueos se acabarían.

Tercero. El país ya venía mal antes del paro. No repetiré aquí el número de líderes y lideresas asesinados. Tampoco, que el hambre de las familias humildes en este país es un problema estructural, no de momento. Lo que sí diré es que si bien los hechos de violencia que hemos visto son profundamente tristes, esta tristeza surge en medio de una gran esperanza, pues parte del pueblo colombiano se cansó de aguantar hambre en silencio y eso es crucial para una democracia. ¿Por qué pedir una Colombia “no polarizada”, es decir, un país con un solo polo que, por décadas, fue el polo de la derecha guerrerista? La democracia implica pluralidad de voces y los bloqueos, gusten o no, han alzado al plano nacional una diversidad de voces que ya no podrán silenciar más.

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