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¿Manipulación? Con todo gusto

02 de julio de 2017 - 09:00 p. m.

Por Nicolás González Gutiérrez

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Imagino que quien está detras de las líneas del editorial «Manipular a los artistas» conoce el teatro desde otra perspectiva muy diferente a la mía, y seguramente asiste con relativa frecuencia a los espectáculos que ofrecen las múltiples salas de la ciudad. Creería que conoce las condiciones en las que se ejerce el oficio en el país y los problemas y limitaciones que supone hacer y sostener teatro. En realidad espero que conozca de fondo la realidad —nuestra realidad— para poder escribir con tal indignación del retiro de la financiación a una compañía de teatro que quiso “degollar” a Trump. ¿Censura a la creación? Sí, espantoso. Ahora, le cuento que en Colombia —desde su perspectiva— la cosa resulta ser tanto más “ideal”: acá tenemos la libertad de crear y de matar —en escena— a cuanto personaje nocivo se nos venga en gana por la sencilla razón de que A NADIE LE IMPORTA, y mucho menos al sector empresarial. Las salas se llenan de polvo, los bolsillos, de huecos y los actores, de pesimismo. ¿Apoyo financiero? Disculpe, pero mientras leía no podía dejar de esbozar una sonrisa. Es una quimera tan elevada que no la comprendo y no sabría cómo hacer para que un empresario se fijara en mis productos. Ojalá más como Bessudo tuvieran como sueño postergado ser actores para dirigirlos, mientras inyectan algún capital de producción y de difusión. Ojalá Delta o Bank of America se interesaran en mis obras para que opinaran sobre lo que es conveniente mostrar o no. Yo sería el primero en darles la razón, pues si estamos trabajando mano a mano yo tengo que cuidar a mi mecenas, así como él me cuida a mí. Y no se trata de ser vendido o de ser manipulado, se trata de una relación de ganancia, de estrategia y, en últimas, de supervivencia. Señor editorialista, sepa que en el 90 por ciento (y esto es un valor aleatorio y visceral) de los grupos en Colombia hace teatro autofinanciado, un 5 por ciento acude a los estímulos propiciados por el Ministerio de Cultura, un 4 por ciento logra que una sala coproduzca sus espectáculos y un 1 por ciento (siendo optimista) cuenta con el apoyo del sector privado. De manera que si usted me pone en la balanza ser terco y persistir en la “libertad ideal del arte” o “ser manipulado”, prefiero con toda sinceridad ser manipulado, porque detrás de mi dirección están varios que sueñan con vivir dignamente de un oficio que ha sido relegado a los parias (porque aparentemente los artistas no comemos ni vivimos bien). Total, tenemos a nuestro favor la consigna de “no importa lo que se diga, sino cómo se diga”, y en eso reside nuestra pericia, en poder “degollar” al político sin que la gente reconozca al político… Así conservamos nuestra autonomía —y en esta fantasía— nuestra financiación.

* Director de teatro.

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