En respuesta al editorial del 16 de octubre de 2020, titulado “El Vaticano hace historia contra la pederastia (aunque falta mucho aún)”.
Tener que comenzar con un titular que señale que la institución católica hace historia suena como la celebración de un gran triunfo, de un gran logro que llega después de mucho esfuerzo y al cual toca adherirnos y celebrarlo; pero la verdad es que no hay nada que celebrar, es un caso patético de desobediencia a los máximos logros que ha alcanzado la humanidad en los últimos 200 años: el sometimiento de cualquier poder, independiente de su origen, a los valores democráticos de las repúblicas y las instituciones que se derivan de ellas.
Observar que hasta ahora se tomen acciones frente a casos de violación que implica principalmente a menores por parte de integrantes de una institución que no se sabe qué funcionalidad ejerce dentro de un marco democrático y constitucional, es una vergüenza no solo para la institución religiosa en sí, sino también a la falta de presión y vigilancia ciudadana al no ejercer el control apropiado frente a esta clase de entidades.
Claridad, verdad y compromiso de no repetición deberían ser los principios que rigieran los procesos que hasta el momento la Iglesia católica ha decidido tomar frente a estos casos de pederastia. Aún le falta explicar muchas más cosas, como apoyo a regímenes y lavado de activos producto del narcotráfico, entre otros, pero este por fin sería un buen inicio para aclarar el posible daño que por décadas y hasta siglos ha causado esta institución sin control gubernamental y democrático apropiado. No sé a quién le interesa que esta entidad recupere la confianza entre las personas (si es que alguna vez ha existido); se trata más bien dejar de actuar sin miedos por el más allá y por lo que representa esta institución y concentrarnos en que se haga verdadera justicia para aquellos que están en el más acá.
Me gustaría saber cuáles han sido los reales avances que han hecho la Iglesia católica y todas sus universidades en investigar el origen, la causa y el fundamento de la pedofilia dentro de sus prelados. ¿Ha habido conclusiones?, ¿ha habido amplias discusiones?, ¿al menos se debate el tema? O todo se deja al famoso poder de la oración.
Es importantísimo recordar que la Iglesia no actúa sola, es un conglomerado de varios frentes, que han estado bien apilados y que es sobre este encuadre y trabajo conjunto de varias instituciones que se sustenta y favorece el actuar del catolicismo, sobre el cual hay que investigar el tema de la pederastia. Este tema no es parte de un esquema de “manzanas podridas”, pues, si se investiga a fondo, es muy factible que nos encontremos con muchas sorpresas y conexiones.
Importante aclarar que este antieditorial no es un manifiesto total contra el catolicismo, sino especialmente una invitación a revisar cómo ese conglomerado de poder que ofrecen las religiones, una vez se encarna dentro de las sociedades, termina actuando en contra de los menos favorecidos; en este caso, los menores.