Si el periodismo deportivo nacional fuera más sensato en sus alcances cuando de construir una imagen de ídolo se trata, los colombianos entenderíamos mejor las posibilidades reales de nuestros héroes deportivos.
Por Hernán Velandia Palomino
Creen nuestros cronistas deportivos que vender internamente una idea triunfalista es motivante para mantener la audiencia satisfecha cuando se compita en el exterior, frente a países que nos superan ampliamente en desarrollos tecnológicos asociados con la competición en todos los campos. Y se respaldan en esos seres excepcionales que por épocas surgen de las diferentes disciplinas, caso Nairo Quintana en ciclismo, quien tiene que cargar y responder por toda la palabrería exagerada de los que lo venden como el invencible.
Tienen por costumbre empezar sus comentarios de manera muy positiva y a medida que transcurre el evento, cualquiera que sea, ir modificando sus apreciaciones porque tienen que quedar como los sabios que pontifican sobre el desarrollo de los acontecimientos. El “nosotros lo habíamos anticipado” se acomoda perfectamente a resultados negativos o positivos de los atletas o de los equipos.
En el fondo debe uno entender que son empleados de nómina que tienen que generar expectativa como sea, debido a que el objetivo final debe ser la medida del rating para ganar la competencia de la medición radial frente a otras cadenas rivales. Y ahí exactamente está el efecto marea que generan entre la ciudadanía oyente.
Si se gana rotundo éxito y todo aconteció como ellos lo presentaron, pero si se pierde es culpa de todo el mundo menos de ellos. Que el técnico hizo mal los cambios cuando ellos, locutores y comentaristas, lo habían solicitado; que se utilizó una mala estrategia de carrera debido a que el entrenador de Nairo no lo hizo sacrificar en una cuesta que según ellos era de su propiedad; inician la narración manifestando que nuestro astro Nairo tiene la suficiente preparación para la prueba y terminan aduciendo que corrió muchas carreras y el cansancio es manifiesto.
Sí, todos entendemos que tienen que mantener vivo el interés de los colombianos, pero deberían reflexionar sobre el ambiente dual en que se mueven en defensa de sus empleos, actitud que fomenta esa inmadurez que consigna el editorialista de parte de los colombianos. Cordura por favor.
No creo que exista en este momento un solo colombiano que no se incline en reverencia de admiración por nuestro más puro exponente de tesón, entrega, sacrificio y vergüenza deportiva que ha demostrado Nairo en el Tour de Francia.
El reclamo de Wínner Anacona debe ser un llamado a la dirigencia deportiva nacional para que hacia el futuro se apoye más a estas figuras y se trate de consolidar una escuadra absolutamente competitiva, donde los jóvenes nuestros de calidad no sean quienes construyan los triunfos de los foráneos.
Unámoslos y respaldémoslos para que esa calidad y esa entrega nos permita medirnos de igual a igual con posibilidades de éxito y demostrar que tenemos la madera para tallar auténticos campeones que destaquen a Colombia en el contexto internacional, con méritos propios.