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«Oponiéndose con tesón»

26 de octubre de 2014 - 10:00 p. m.

PARA HILVANAR UNA ANTÍTESIS DE los argumentos esbozados en el editorial “El valor de la oposición” no se necesita escudriñar demasiado los párrafos llamados a refutar.

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Empezando porque, si bien es cierto que las salidas del presidente habitualmente suelen ser fallidas y sus gurús malogrados, invitar a su acérrimo contradictor a “conversar”, más allá de una propuesta razonable, fue una estratagema oportunista, política y táctica, reforzada y exasperada por demás, de alguien que, como el primer mandatario, no puede estar más azorado y angustiado con un proceso enlodado y denostado, aunado a los “arrebatos” de un expresidente que con gran destreza va tres pasos delante de él.

Tangible realidad que a diario el país inhala y rara vez bautiza de otro modo. Y no hay que ser uribista (resalto que no lo soy) para leer de tal modo unos hechos que se desnudan desinhibidamente ante los ojos del abochornado pueblo de Colombia.Santos quiere fungir como apóstol de la reconciliación, enarbolar su aparente misional cruzada por la paz con gran altruismo, dadivoso con sus congéneres y adversarios más recalcitrantes, rebosado de filantropía y un supuesto criterio patriótico exacerbado, pero en realidad se está quedando rezagado y “a años luz” de llegar a serlo.

Contrario sensu, razones de peso a diario lo identifican como un ilusorio y muy ansioso emisario de paz.

Forrado en cuestionables intereses políticos mas no abrigado en generosos propósitos, ni menos abanderando liderazgo alguno.

Ahora bien, a propósito de las habilidades del expresidente y otrora senador Uribe Vélez para rastrear, extraer y difundir información confidencial desde la médula de las fuerzas del Estado, antes que los medios, antes que el mismo presidente y “antes que todo el mundo”, más que reparar en el “gancho que tiene éste en medio de la guerra” habría que preguntarse de qué tamaño es el garfio que Santos tiene en medio de la paz. Aquél que de las entrañas de “Palacio” está desmembrándolo todo.

Inquieta, sí, el boquete que a la sombra del Gobierno se abre para que el extenso brazo de Uribe sondee a fondo la menguada “inteligencia” del presidente, pero inquieta todavía más el que en el interior de las Fuerzas Armadas (o del mismo círculo íntimo del Gobierno, incluso) se comparta y divulgue, sin empacho alguno, información privilegiada.

En consecuencia, a la pregunta de cómo consigue el parlamentario Uribe la valiosa información, debería preceder aquella de qué tan frustradas o traicionadas se sienten las Fuerzas Militares del Estado (o el mismo pulmón de Casa de Nariño, insisto), como para dilatar el boquete por donde continúa deshaciéndose la “privacidad” de aquel que ostenta la primera magistratura de Colombia.

¿Cuál es la información relacionada con las negociaciones y claudicaciones en La Habana que en el interior del Gobierno y las Fuerzas Militares e inteligencia del país los tiene tan amedrentados e indignados que sienten la necesidad de retransmitirla “vía Álvaro Uribe”?

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Secuela de lo anterior, y no encontrando necesidad de ahondar en más razonamientos, sólo me resta decir que me sustraigo de la lectura que el desapasionado y apreciado editor de El Espectador hace de la desbandada guerrillera a Cuba, calificándola como “normal”, por cuanto, según él, era apenas lo esperado dentro de un proceso como este que Pacho Chino, Matías, Wálter Mendoza y demás esbirros de Pablo Catatumbo y Timochenko “acumularan millas… vía La Habana” (!).

Jamás se insinuó siquiera, que los guerrilleros con los prontuarios criminales más abultados iban a rotarse viajando a Cuba a “expiar” sus penas…

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Razón tienen de sentirse burlados aquellos que, con gran brío, ayer los tenían diezmados y hoy advierten, impotentes, cómo se les “laurea”.

Fernando Alberto Carrilo Virguez *

 

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