En respuesta al editorial del 17 de junio de 2021, titulado “Estallidos que nos mantienen atados al pasado”.
Independientemente del estallido de un carro bomba en la Brigada 30 del Ejército Nacional en Cúcuta —por cierto, bastante curioso—, es por lo menos manido el argumento de que por la situación de desempleo y de abandono se dan estos eventos infortunados. El problema de fondo —ustedes lo señalan muy bien y se ha identificado en general en la política colombiana en este siglo y en el pasado— son los malos gobiernos que hemos decidido elegir. Lo preocupante de todo este tema es la falta de educación en civilidad de los ciudadanos de este país. Si tan solo todos entendiéramos que los funcionarios públicos están para servir al público, no unos a otros (mermelada rampante) en una reciprocidad de yo te elijo, tú me eliges, nosotros nos elegimos… que se termina conjugando en todos los modos el verbo elegir.
La sociedad en su conjunto debería preocuparse por la educación. Deberíamos crear entes encargados desde la civilidad de velar porque desde la básica primaria se haga conciencia de que el verbo “elegir” no debe ser conjugado en primera persona. Esto cambiaría la forma en que se determina quién o quiénes nos gobiernan. Todos al unísono deberíamos cerrar filas por una educación de calidad, pues aunque se obtenga la matrícula cero eso no soluciona la forma de pensar. La educación (Fecode, etc.) debería avasallarnos con propuestas decentes de cómo llevar los conceptos desde la escuela primaria hasta la universidad. De tal manera que, como lo decía Jaime Garzón, desde la universalidad podamos dar respuestas a la conceptualización de la política. En este tema debería radicar todo el debate. Si las reformas están mal elaboradas y salieron sin debate ni consenso a la luz pública, es porque aquellos funcionarios públicos encargados de ponerlas sobre el tapete de la sana y constructiva discusión no fueron lo mínimamente inteligentes para dilucidar en buena forma lo que era consecuente para el momento y porque les faltó educación en civilidad.
Todo aquel que pretenda llegar a un cargo público, antes de obtener un grado universitario cualquiera que sea la materia liberal que lo avale, debería tener una educación en cómo eliminar del vocabulario la frase: “Nosotros los elegidos por ustedes los electores”. Porque es el pueblo en su conjunto el que les da pertinencia a las diferentes formas de gobierno. Sin nosotros no existirían ellos, los gobernantes. Eso sí, debería quedarles totalmente claro y debería ser un llamado a que cambien su forma de comportarse frente a la ciudadanía o deberíamos darles grandes sorpresas en las urnas, donde ellos sienten que las cosas no están bien.
En parte comparto la idea de los gestores del paro, de querer parar los bloqueos y las marchas, que ya les indicaron que las cosas no están bien. Debería ser un llamado a la acción de nosotros los electores para cambiar desde las urnas en las próximas elecciones la forma en que ellos se relacionan con nosotros, sobre la base de un respeto por los bienes públicos y la forma en que nos apropiamos todos de estos.