La tarea de un buen alcalde no es llevar a los ricos a donde viven los pobres por decreto.
Su tarea debe buscar más bien lo contrario, llevarnos a todos a la misma ciudad, un mismo y único espacio.
O, para ponerlo en sus radicales términos, el derecho sería llevar a toda la ciudadanía, incluidos los ricos, y a un no despreciable actor, la inversión privada, a donde viven los pobres, pero no por decreto.
Llevarnos a todos, con atractivos, obras de espacio público, de infraestructura cultural, deportiva, ambiental y de salud y educación. Crear una ciudad que promueva lo que más les interesa a los hoy habitantes de estos barrios: empleo. Para no ir muy lejos, así lo ha hecho Medellín y le ha funcionado: que lo digan las cifras de turistas y ciudadanos de otros barrios que hoy utilizan el metrocable y el espacio público o la Biblioteca España, en la otrora tenebrosa comuna nororiental.
O los indicadores de mejoramiento de la calidad de vida de sus habitantes, sin sacarlos de sus casas. Sueño con un sur de Bogotá, verde; viendo y recorriendo sus cristalinas quebradas, llenas de flores y pájaros; con que el recorrido de la Media Maratón de Bogotá lo hagamos por el sur, pero no para promover el turismo de la miseria, no, sino para recorrer un sector bello y ambientalmente rico y nuevo de la ciudad.
Con grandes escenarios deportivos y culturales, museos, salas de exposición, teatro, conciertos y demás, que nos inviten a espectáculos de la misma calidad que se ven en lo que el alcalde llama guetos, que dicho sea de paso, quién si no el gobierno los promovió.
Incluido el suyo, que prefiere gastarse el presupuesto del Distrito en darle el baloto a 700 familias de desplazados, que invertir esos dineros en la construcción de la periferia de la ciudad.
Lindos y amplios colegios, bibliotecas y hospitales, metidos en zonas verdes. Y —¿por qué no?— atractivos centros comerciales. En fin, por lo demás, que los críticos de la medida no se afanen: diez años después, cuando se termine la restricción de vender estos apartamentos, las cosas volverán a su plata, si no antes, pues, ¿quién va a controlar la limitación de arriendo? No será una limitante.
Veo que muy pronto estos apartamentos serán ocupados, por ejemplo, por estudiantes de provincia como arrendatarios. Y, para terminar, nada sorprenden los violentos y ofensivos comentarios de la extrema derecha a la medida: vienen con el mismo desprecio con el que se anunció y dictó la providencia el alcalde Petro.
Enrique Uribe Botero *