Siempre ha existido migración. Por múltiples razones las personas emigran voluntariamente, pero las primordiales en los tiempos modernos son el mejoramiento económico, social e intelectual.
Por los años cincuenta y sesenta no había en nuestro país interés que los que emigrábamos retornáramos, y la frase con la cual encabezo esta carta la escuché. No se había acuñado el calificativo de “cerebros fugados”. En las décadas siguientes se supo de la pérdida económica que representaba la migración de personal calificado, se iniciaron intentos de recuperación de ellos por el aporte que su retorno podría ofrecer al país. No existía un plan estructurado de recuperación de esas personas y la frase era entonces “retorne a ver qué se le puede ofrecer”. En la nota editorial de El Espectador, del viernes 23 de enero de 2015, “Cerebros inconformes”, se analiza la gestión de Colciencias en la política gubernamental de la recuperación de esos “cerebros fugados”, especialmente con el atractivo programa de marzo de 2014, “Es tiempo de volver”. Colciencias empezó su primera etapa, 1968-1989; continuó la segunda, 1990-1999, y la tercera, de 2000 en adelante. Me gusta citar en mis escritos refranes, adagios y máximas de sabiduría popular, porque son verdades de a puño. “El que mucho abarca poco aprieta” se puede aplicar certeramente a Colciencias. Quien desee revisar sus estatutos encontrará funciones múltiples y ambiciosos proyectos con los cuales podría aparecer como una entidad efectiva, pero sus asignaciones presupuestales son una limitante que no le permite cumplir a cabalidad lo que ofrece. El adagio “Dejar lo cierto por lo dudoso” se puede aplicar a aquellos que se han entusiasmado con lo que ofrece Colciencias. Además, los científicos que hayan sido identificados como necesarios deben recibir una invitación de las entidades científicas que verdaderamente los necesiten. Éstos deben venir a entrevistarse con quienes los invitan para así poder analizar la efectividad de su oferta, y entonces sí decidirse por el retorno.
En dicho caso deben comprometerse a permanecer en el país por un período claramente especificado por la entidad contratante y obtener la aprobación de la entidad con la que están laborando en el exterior dejando las puertas abiertas, pues si verdaderamente son necesarios en su lugar de trabajo las puertas estarán abiertas para su eventual retorno. Existe un Comité Intergubernamental para las Migraciones (CIM) que coordina estos arreglos: deben ubicar sus oficinas y así estar seguros de que dicho Comité sea el garante de esos arreglos. Así no se aplicará el adagio: “No hay dolor más grande que el de acordarse del tiempo feliz en las desgracias”, como parece estar sucediéndole a quien el editorial cita así: “Yo tengo hijos y consumo mis ahorros sobreviviendo. Iré buscando un vuelo de vuelta a Europa a buscar trabajo o intentar recuperar el que tenía”. Termino esta nota con el adagio: “Si no quieres decepciones, no te hagas ilusiones”. Y el mejor consejo sigue siendo aún: váyase y no vuelva.