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A desconectar el ventilador

11 de febrero de 2020 - 12:00 a. m.

Cuestionada o no, Aida Merlano es protagonista y conocedora directa de las estrategias ilegales y corruptas que a través de los años han utilizado las castas políticas de la costa para perpetuarse en el poder y saquear los presupuestos destinados a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de su región.

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En el país del “no pasa nada” todo será minimizado adjetivando a la excongresista como titular de los peores defectos sociales y mentales, cuando con anterioridad se respaldaba con dinero y votos para que a nombre de la organización que la acogía realizara maniobras indebidas, para beneficiar a sus jefes sin que estos quedaran en evidencia frente a la ley y la sociedad.

Ahora las llamas de la denuncia serán apagadas con el manido pretexto de la enemistad del dictador venezolano, quien supuestamente estaría orquestando un desprestigio internacional contra nuestro país, aunque en su locura de reconocida falencia moral, mental y académica no escatimará esfuerzos para magnificar el suceso y tratar de sacar réditos políticos. Pero recordemos que Colombia ha estado desde hace muchos años en el ranking de los países más corruptos a escala mundial y quienes han generado humillación a nuestra patria son los dirigentes deshonestos de toda índole, que ahora se rasgan las vestiduras porque una de sus pares los denuncia.

Ante la pregunta que se hace el editorialista existen dos posturas: el pueblo quiere conocer la verdad de los trasfondos políticos y algunos políticos quieren que sus trasfondos no sean conocidos por el pueblo. De todas maneras, se sepan o no, todo quedará cubierto por el manto de la impunidad que en ocasiones tejen algunas instancias de poder, control y justicia.

Toda la truculencia que demuestra este episodio permite analizar que mientras alguien que pertenezca a los altos círculos sociales y de la política, que tenga información valiosa de procesos ilícitos y se mantenga en silencio, no hay posibilidad de que sea cuestionada en su proceder, pero si llega a violar la funesta dinámica de sometimiento jerárquico será aniquilada socialmente, cuando no físicamente, como es el caso que relata la prófuga iba a suceder con ella.

Con la llegada del nuevo fiscal general de la Nación y escuchadas sus primeras declaraciones, el pueblo colombiano espera un mejor tratamiento en las pesquisas de este y otros casos, que permita retomar la fe de que alguien con la juventud y preparación del doctor Barbosa sea un iniciador de nuevos y transparentes escenarios, para que desde ese ente de investigación no permita se nos hunda más nuestro país y recobremos el sueño de una sociedad mejor.

Los colombianos nos preguntamos ¿por qué el Congreso no se pronuncia masivamente sobre este tema? ¿Solidaridad corporativa? ¿Existen estas mismas prácticas de compra de votos y corrupción en otras zonas del país?

Nota: ¿Nos defenderán senadores y representantes ante el ataque gubernamental para cambiar el sistema de vinculación laboral? Colombianos: a pensar el voto en las próximas elecciones para elegir Congreso.

Hernán Velandia Palomino.

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