Muchos colombianos estamos algo cansados de ver y escuchar la retórica de los precandidatos presidenciales. Qué aburrimiento tener que aguantar todos estos meses hasta que las diferentes corrientes políticas lleguen a algún acuerdo que permita realizar una elección en paz y sin trampas. Mientras tanto, el país sigue desencuadernándose por donde se le mire. Tal vez lo que genera ahora un poquito de esperanza es saber que al presidente Duque le queda menos tiempo en el poder. Sin embargo, quien le suceda tiene la inmensa responsabilidad de levantarse desde lo más bajo, desde bajo cero.
Todos estos precandidatos deberían tener equipos asesores de verdad, es decir, profesionales que conozcan la realidad colombiana al rojo vivo. El doctor Amylkar Acosta M. es quizás uno de los más estudiosos de la economía nacional y sus excelentes artículos son documentos muy importantes de nuestra historia económica. En uno de sus escritos, del 29 de enero de 2020, expone una clara radiografía del comportamiento gubernamental en cuanto a obras públicas de gran alcance, radiografía nítida que debería ser un punto de partida para formular un Plan de Desarrollo serio.
El país no puede seguir aguantando tanto elefante blanco. Según el doctor Acosta, hay tres grandes del pasado: el puente Pumarejo, el túnel de La Línea y la represa del Ranchería (en La Guajira). Las tres megaobras constituyeron en su momento una gran expectativa para el impulso del desarrollo interregional y nacional. Sin embargo, las demoras en los tiempos estipulados, el incremento desmesurado de los presupuestos y el descaro de las empresas que asumieron su construcción alargaron casi al infinito su media finalización, porque ninguna ha sido concluida a plenitud. Es más, en la represa del Ranchería se hizo evidente la mezquindad de Andrés Pastrana con el proyecto, que había sido impulsado satisfactoriamente durante la presidencia de Ernesto Samper Pizano —al margen de su complicada administración—, cuando, en palabras del economista Acosta, “abortó el proceso, lo truncó y declaró desierta la licitación”. No se puede ser más ruin frente a los intereses ciudadanos. Ahora tenemos Hidroituango, un superelefante donde se han concentrado todos los vicios de la picardía y la mala fe.
En vez de gastar tanto dinero en imagen para mejorar sus muecas, gestos y ademanes, aspectos que los convierten en protagonistas de las secciones de entretenimiento de los noticieros de televisión, deberían ser más responsables y hacer un inventario de las obras inconclusas a lo largo y ancho del país para elaborar un Plan de Desarrollo de verdad. Y dizque recorren el país.
Ana María Córdoba Barahona. Pasto.
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