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Aborto

07 de agosto de 2011 - 06:00 p. m.

Para quienes radican el proyecto de acto legislativo que busca prohibir el aborto y la práctica de la eutanasia, quisiera solamente dejarles algunas inquietudes que les permitan comprender la magnitud de su equivocación.

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La Constitución del 91 ha definido al país como pluralista, que se traduce en una actitud oficial de tolerancia, comprensión y respeto para todos. El ciudadano es libre de pensar y actuar de acuerdo con su conciencia y sin más limites que el derecho ajeno. De igual manera somos un estado laico. Los laicistas consideran que su postura garantiza la libertad de conciencia. El laicismo es un impulso moderno de los estados para la independencia de las instituciones respecto al poder eclesiástico. La laicidad es un principio indisociable de la democracia, porque las creencias religiosas no son un dogma que deba imponerse a nadie ni convertirse en leyes. El aborto, aunque indeseable, es una práctica que no podemos desconocer y que para los tres casos contemplados por la Corte, es una solución humanitaria y social. Los ponentes quieren obligar a una mujer que ha sido violada a que tenga un hijo producto de la violencia, o que en su defecto lo entregue en adopción, con todas las complicaciones que implica. Es una posición egoísta, pues ninguno de ellos tendrá que preocuparse por el futuro incierto de esta criatura. De igual manera pretenden que una mujer o madre traiga a conciencia al mundo una criatura con terribles malformaciones. Pero lo más aberrante es pretender que una mujer conociendo los altos riesgos contra su vida de un embarazo de alto riesgo, tenga que resignarse a morir, porque la ley la obliga. Finalmente, y para el caso de la eutanasia, sólo puedo repetir una consigna famosa: “Nada más erróneo que la famosa sentencia según la cual ‘la muerte nos iguala a todos’. ¡En medicina solemos afirmar que no hay enfermedades sino enfermos, de manera análoga podríamos nosotros decir que… no hay muertos sino muertes”.

Guillermo Trías. Bogotá.

Fe de erratas

En la edición de ayer, El Espectador publicó una columna titulada “Sobre la igualdad”, que ya había sido divulgada el lunes 1 de agosto. Aclaramos, además, que la misma es autoría de Santiago Montenegro y no de María Elvira Samper, como errónemente apareció en la edición dominical. Presentamos excusas por los inconvenientes que esta situación haya causado a nuestros lectores y columnistas.

 

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