La época no muy lejana en que nuestra participación deportiva se asemejaba más a una excursión turística que partía en plan de “adquirir experiencia” y lograr “victorias morales” afortunadamente ha sido superada. Los recientes Juegos Centroamericanos y del Caribe que acaban de clausurarse son un buen ejemplo de ese progreso, que su editorial califica como un éxito rotundo. La organización impecable en todos sus aspectos es digna de esa denominación, pero no así la opinión que renglones más abajo expresa don Baltazar Medina, máximo dirigente de nuestro Comité Olímpico, quien hace un balance de las medallas logradas calificando la actuación de nuestra representación como insatisfactoria en especial por ciertos deportes de los que se esperaba un mejor rendimiento. La actitud del licenciado Medina no es muy frecuente entre nuestros dirigentes, que con frecuencia justifican más los fracasos en lugar de hacer sanas críticas. Continúa el dirigente enumerando deficiencias, señalando, por ejemplo, que el levantamiento de pesas, que se considera como el más ganador entre todos los que hacen parte de nuestra delegación, no estuvo al nivel esperado de acuerdo al número de metales obtenidos. Valga la ocasión para glosar la evaluación que se hace de ciertos deportes, entre otros la halterofilia, cuyo éxito solo se tasa, equivocadamente, por el número de medallas que circunstancialmente pueden obtenerse y no por la progresión de las marcas o resultados, mesurables en kilos, tanto en damas como en hombres, se viene evidenciando estancamiento y en algunos casos disminución de los resultados desde hace varios años, así como la existencia de graves lesiones sufridas entre otros por el medallista olímpico O. Figueroa y el campeón mundial juvenil J. Mosquera.
El tiro deportivo también es mencionado como de decepcionante rendimiento; aquí aparece otra oportunidad para solicitar por parte de nuestros máximos dirigentes un análisis que vaya más allá del simple inventario de medallas. Hoy, sin temor a equivocaciones, este deporte, que aún en la época de las excursiones deportivas brindaba triunfos en unión del levantamiento de pesas y del ciclismo, es la disciplina más retrasada de todas las que integran nuestro programa de participación olímpica nacional. Recordemos, y que lo sepan los que no lo han sabido, que del tiro provienen las dos primeras medallas olímpicas de plata logradas para Colombia (Munich 72 y Los Angeles 84) en doble e histórica hazaña, cuyo autor es Helmut Bellingrodt, nacido en Barranquilla para más señas y vigente como miembro activo del actual Comité Olímpico Colombiano.
El deporte tiene una invaluable función social que trasciende más allá de formar campeones y ganadores de medallas, cuando es practicado por una gran masa de la población de todas las edades y condiciones, para lo cual se debe contar con programas de educación física eficientes, cuya ausencia es notoria en los programas de enseñanza en escuelas y colegios y que debe ser motivo de preocupación de los dirigentes deportivos, la educación y la salud pública. Cuando esto suceda, será creíble la aspiración de muchas personas que ven el deporte una especie de panacea que habrá de librarnos de tantos y tan graves males que nos amenazan.
Hiram Lozano Gomez. Cali.
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