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Alcalde y fiesta brava

08 de febrero de 2012 - 06:00 p. m.

El nuevo inquilino del Palacio Liévano hizo pública su opinión con relación a la fiesta taurina.

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Su apreciación fue chocante para los aficionados taurinos, pues pretende llamar a una discusión sobre lo que él considera un acto alrededor de la muerte. El toreo es un arte que involucra todas las expresiones del ser humano; es pasión, cultura y emoción para los que entienden o comprenden de lo que se trata el enfrentamiento entre toro y torero. Los toros son tan antiguos como la propia lengua, como la fe venida con los españoles, con años de tradición, no solamente en Colombia sino en otras naciones colonizadas, como Venezuela, Perú y Ecuador. La fiesta brava forma parte de esas costumbres que generan exaltación en todo aquel que las disfruta.

Sin embargo, parece una moda, impuesta por movimientos que se autodeclaran proteccionistas, persuadir a sectores políticos en contra de las corridas de toros usando argumentos que en principio lucen razonables, como el de no al maltrato animal; esto causa el respaldo casi inmediato de aquellas autoridades que no conocen o no comprenden la fiesta brava. Es necesario salir con argumentos convincentes ante las autoridades que busquen retirar de los cosos taurinos las corridas. Por eso el manifiesto de Antonio Caballero y Alfredo Molano y otros taurinos colombianos (con el cual me solidarizo) debe ser respaldado por todos los aficionados, no solamente de Colombia, sino de cualquier lugar del mundo, que sientan la fiesta brava como suya.

Alejandro Moreno Muñoz. Cúcuta.

La alegría del 2013

Los mayas eran hombres sabios, en especial en el arte de medir el tiempo, al igual que otros menos conocedores del futuro, como lo son guías espirituales y charlatanes con deseos de riquezas después del fin del mundo. La interpretación de todos es: no pasamos del 31 de diciembre de 2012, no veremos el rayar del alba el 1º de enero del 2013. ¿Qué hacer con nuestras pertenencias? La gran pregunta.

Qué felicidad no poder ver el amanecer del próximo año que viene. ¿Por qué? Hay múltiples razones y estas son algunas, sin mencionar las espirituales. Qué alegría. Ya no habrá funcionarios corruptos deseosos de coimas y sobornos; todos rodeados de lagartos y toda la fauna de anuros y reptiles. Qué dicha: no habrá políticos sin escrúpulos, escasos de ética, moral y faltos de la palabra empeñada, dada en las campañas proselitistas, la de servir a sus conciudadanos. Políticos faltones y tramposos. Qué alegría. No existirán los dirigentes deportivos y supuestamente culturales abusadores, acosadores de mujeres y de pupilos necesitados. Entre muchas otras. Amanecerá el 1º de enero del 2013 y veremos. Qué regocijo. Qué alegría.

Humberto I. Ramírez L.. Bogotá.

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