La relación entre el uribismo y los profesores colombianos ha sido desde siempre conflictiva. Una gran mayoría de maestras y profesores en todos los niveles de educación expresan sus reservas, no sólo al tipo de educación que promueve el uribismo, sino al modo en que Uribe enseña a los colombianos: el autoritarismo del expresidente es el vivo ejemplo de lo que los maestros no quieren hacer en sus aulas. Y mientras persista el desprecio de Uribe ante las nuevas formas de educación, el mismo seguirá siendo el antimodelo de cualquier educación.
Esto sin mencionar dos casos que todavía sacan de casillas al senador: Jesús María Valle y Alfredo Correa de Andrei, dos profesores asesinados por movilizar ciudadanías libres y que fueron declarados “enemigos internos” por las fuerzas militares del entonces gobernador y luego presidente Álvaro Uribe Vélez. Así que recibir de él mensajes de intimidación política como los de esta semana reabre esas heridas que siguen sin sanar entre el uribismo y la academia.
La historia de la educación superior en Colombia se puede apreciar desde la bifurcación de dos tipos de enseñanza universitaria: una dogmática y otra contextual. A la primera le agradecemos la continuidad y capitalización del saber, pero a la segunda le debemos la relevancia social del saber. Quien haya sido profesor universitario reconoce bien la tensión de estas dos fuerzas en cada facultad. Mientras unos quieren un saber que funcione en laboratorios controlados de opinión, otros quieren un saber que transforme paradigmas y proponga nuevas perspectivas de entender el mundo. Y la verdad es que ninguna es mejor que otra.
Y es este balance de fuerzas el que quiere quebrar el uribismo cada vez que ataca la libertad de cátedra. Arruina el debate. Forja en nuestros estudiantes fobias ante lo diverso. Recrea los imaginarios de educación represiva que como nación hemos superado.
Y dejo unas palabras a todos mis colegas de cátedra en Colombia.
Sin diversidad, la academia pierde su fuerza. Es durante el ejercicio del debate entre estas dos fuerzas que nuestra juventud fija sus posiciones. La duda se permite en el ejercicio libre de la cátedra. Se fomenta la formación del carácter universitario cuando se tiene la libertad de sostener la sospecha. Todo un infinito de posibilidades se abren ante una docente cuando sus estudiantes la perciben libre. La belleza de una clase en la universidad está relacionada con el nivel de libertad que se tenga para controvertir. Toda posibilidad de reconciliación pasa por la deliberación.
Hágale un favor al país, senador Uribe, proponga un debate decente.
E. Alexánder Villamil. @teoloax
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